6 de marzo de 1328. El Rey ha muerto, el trono ha quedado vacío y el odio ha ocupado su lugar. No buscan oro, buscan un manuscrito que contiene pruebas de la presencia del pueblo judío en Estella/Lizarra para quemarlo y condenar su historia al olvido. El documento se divide para protegerse y sus palabras quedan grabadas en los monumentos históricos del municipio. Siete siglos después, una constructora muestra intenciones de construir un hotel de lujo en la antigua judería. Odio disfrazado de progreso. Sin embargo, las excavaciones no se podrán llevar a cabo si aparecen restos arqueológicos que prueben el valor patrimonial del terreno. La misión ahora es recuperar los fragmentos y proteger la ciudad.
Esta es la crónica en la que se ambienta el escape room que Mikel Díaz, un profesor de informática adjunto en la UPNA, ha diseñado para dar a conocer la historia y los monumentos más importantes de su pueblo. Según dice, la idea se le ocurrió después de haber hecho varias guías turísticas con enigmas para resolver durante sus viajes con amigos. La aventura está guiada por un vídeo que narra la historia, conduce al jugador por diferentes zonas de Estella/Lizarra y plantea una serie de acertijos. “Te vas desplazando con el móvil por lugares que datan de entre 1200 y 1300 y resuelves los rompecabezas”, explica.
La antigua Estella
La web de Mikel también guarda un hueco especial para la nostalgia. Uno de los apartados de estellaescapecity.com está destinado a la restauración de fotografías antiguas del pueblo. “La idea no es cambiar la foto ni hacer que pierda su esencia, sino intentar conservarla lo mejor posible antes de que se deteriore más”, explica, porque conforme pasa el tiempo “van perdiendo calidad, se dañan o se van borrando partes hasta que ya no se puede recuperar casi nada”.
Mikel ha restaurado hasta la fecha tres fotografías de 1979 de la Plaza de Santiago, de la Plaza de los Fueros y de la Fuente de la Mona. Además de aumentar la claridad y la nitidez, el informático ha sido capaz de devolver el color a los coches, los árboles y la ropa de la época que aparecen en las imágenes. De esta manera, se abre una rendija que permite a los vecinos ver cómo era su pueblo hace casi 50 años y a color, porque, aunque parezca mentira, el pasado no se vivió en blanco y negro.
No obstante, esta labor no se puede realizar si nadie comparte instantáneas antiguas de Estella-Lizarra, así que Mikel insiste en que si alguien dispone de alguna imagen que pueda restaurar, no dude en mandársela. Obtener este material es la parte más complicada del proyecto, junto con el diseño de los nuevos escape rooms que se trae entre manos: uno, ambientado en el robo de la recaudación del Viernes de Gigantes en 1998 y otro, inspirado en la recogida de los sellos perdidos siguiendo el Camino Francés por las calles de Estella-Lizarra. “No tengo mucho tiempo para desarrollar y diseñar”, admite.
Entrenar la mente
El cerebro es un músculo que, como cualquier otro, si no se entrena, se debilita, Y la volatilidad del contenido en redes tampoco le beneficia en absoluto. “A la vejez hay que llegar con salud física, pero también mental”, apunta Mikel. Según explica el informático, si al cerebro se le somete solo a actividades rutinarias “no lo estamos entrenando”. Así, lo ideal es exponerlo a retos como aprender un nuevo idioma, tocar un instrumento o resolver acertijos de lógica. En Estella Escape City, el profesor ha incluido una serie de enigmas que comprenden desde desafíos matemáticos, colmenas numéricas o desafíos de colores, hasta acertijos sobre la historia de Estella-Lizarra. “Estos juegos están diseñados para ejercitar diferentes áreas cognitivas, como la memoria, la atención o la lógica que, gracias a la neuroplasticidad, nos permiten crear nuevas conexiones y fortalecer las existentes durante toda la vida”, desarrolla. Se trata de una medida que pretende frenar la aparición de un deterioro cognitivo “que nos robe nuestra esencia”.
Más allá de todo lo mencionado, Estella Escape City también tiene disponibles crónicas de eventos relevantes de la historia del pueblo y recuerdos de personajes y negocios destacados. A través de la informática, una pasión que lleva acompañando a este profesor desde que tenía doce años, Mikel ha diseñado todo un baúl online de recuerdos, porque estos, dice, “no se pierden de golpe, sino cuando nadie los cuenta”.