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Liquidación total con hasta el 70% de descuento

La empresa familiar Madera Viva acelera la venta de sofás, colchones y mobiliario de exposición antes del cierre definitivo el 30 de junio o hasta agotar existencias

Fotos de la exposición de Madera Viva-MueblesPatxi Cascante

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El cierre de una tienda siempre deja una mezcla de despedida silenciosa y de balance vital. En el caso de Madera Viva, el establecimiento de muebles situado en el polígono Talluntxe, frente al aeropuerto, esa combinación de nostalgia y satisfacción se impone tras 33 años de trayectoria.

Hoy, el negocio afronta una liquidación total de su exposición y stock —sofás, colchones, mobiliario y artículos de decoración, tanto de reciente llegada como piezas con más recorrido en tienda— con descuentos de hasta el 70%. Una campaña con la que se busca dar salida a los 850 m2 que han sido, durante décadas, el escaparate de este comercio familiar, que estará activa hasta el 30 de junio o hasta agotar existencias.

Detrás del proyecto está Maite Alzorriz Pérez, que ha llevado prácticamente en solitario la gestión del negocio durante gran parte de su trayectoria. “Madera Viva nació hace 33 años como un proyecto familiar y al trasladarnos al polígono Talluntxe en Noain, en el 2002, terminé gestionando yo sola”, recuerda la propietaria, al repasar una vida ligada al comercio del mueble y al trato directo con la clientela.

Un sector en transformación

El cierre responde a una combinación de factores ligados a la evolución del sector y a los cambios en los hábitos de consumo. “El mundo del mueble tiene muchos altibajos”, explica Maite. “Cada día la afluencia es un poquito menor”, señala, en un contexto en el que las prioridades de gasto y la forma de entender el hogar han cambiado notablemente en los últimos años.

“La gente joven tiene bastante con la hipoteca, el coche… como para invertir después en muebles de un cierto nivel”, resume. Un cambio de mentalidad que, según describe, ha modificado por completo la forma de comprar hogar. “Antes la gente adquiría un mueble para siempre. Ahora se compra algo que dure cinco o seis años y luego se cambia”, apunta. A ello se suma la emancipación más tardía, el coste de los pisos o unas viviendas que llegan cada vez más equipadas, lo que reduce la necesidad de amueblar por completo.

En este escenario, Madera Viva ha mantenido una apuesta constante por el producto nacional y las calidades medias-altas, trabajando con fabricantes de referencia. “Nuestra prioridad siempre ha sido seleccionar bien a quién compramos y ofrecer al cliente un producto en el que pueda confiar”, explica Maite, una línea que ha definido la identidad del negocio en un mercado cada vez más dominado por grandes superficies y nuevos modelos de consumo.

La liquidación actual se ha convertido también en un punto de encuentro. Clientes habituales y amigos se han acercado en estas semanas no solo para aprovechar las últimas oportunidades de hasta el 70% de descuento, sino también para acompañar el cierre de una etapa. En ese contexto, Maite asegura que el balance es especialmente humano: “El sabor de boca es excelente”, resume, tras unos días en los que han sido numerosos los mensajes de agradecimiento recibidos de clientes que han pasado por la tienda a lo largo de los años. “Qué pena que cierre, quedan pocas tiendas con un trato cercano”, le han trasladado muchos de ellos.

Ese trato próximo ha sido precisamente la principal seña de identidad, basada en una forma de trabajar en la que “la prioridad no era la venta, sino la satisfacción del cliente”, afirma Maite. Una filosofía que ahora encuentra su reflejo en estos últimos días, con clientes que vuelven no solo para aprovechar la liquidación, sino también para despedirse. “La etapa de Madera Viva termina con la sensación de haber hecho bien el trabajo”, concluye Maite.