La memoria del río Irati y sus hombres olvidados
Óscar Ramos presenta mañana ‘Barranqueadores y centralistas en el río Irati’, un tributo a aquellas personas que trabajaron y murieron en uno de los oficios más duros del Pirineo
“Las historias que escribo son las de la infantería, las de la gente de la que nadie se acuerda”. Con esa filosofía ha trabajado Óscar Ramos Cabodevilla, natural del desaparecido Muniáin de Arce y apasionado de la historia local del Valle de Arce/Artzibar, durante los últimos cinco años en la elaboración de Barranqueadores y centralistas en el río Irati. Se trata de su segundo libro de 517 páginas y 1043 fotografías y documentos que recupera la vida de quienes trabajaron en torno al aprovechamiento forestal y eléctrico del Irati durante parte del siglo XX y que mañana domingo se presentará a las 12:00 en el Ayuntamiento de Arce (Nagore).
El origen del libro se remonta a una tumba del pueblo de Artozki: la de Salvador Cervera. “Desde pequeñico recuerdo que mi tío Melchor nos contaba que era la de un valenciano que se murió trabajando en el río”, expresa Óscar. Resultó ser un ganchero natural de Chelva (Valencia), que falleció ahogado en 1917 a los 23 años en Olaldea. Esta historia anónima ha sido el punto de partida de una investigación que ha terminado sacando a la luz otras tres muertes relacionadas con el mismo oficio: la de Martín Orradre, vecino de Orotz-Betelu, en 1917, la del orbaizetarra Lorenzo Barberena en 1921 y la del también chelvano Francisco Martínez en 1931.
Todos ellos desempeñaban un oficio vinculado a un sistema de transporte de la madera que consistía en encauzar los troncos que quedaban atascados en las orillas del río Irati y que se soltaban desde Orbaizeta hasta el aserradero de Ekai (unos 40 kilómetros) mediante las crecidas o, a partir de 1928, con la apertura de compuertas. Una práctica que desapareció a principios de los años 50 con la llegada del transporte por carretera. “Era un trabajo duro de invierno donde se mojaban y tenían riesgo de caer al agua. Se organizaban por tramos varias cuadrillas: los valencianos, los de Artozki, los de Orotz-Betelu y los de Aezkoa. Se solían poner en puntos estratégicos para que la madera no se quedase encajada en la orilla y, a los 3 días, recorrían el río para devolver toda la leña y madera restante a su cauce para que la próxima pantanada la arrastrase”, asegura Óscar. La presencia de gancheros valencianos no es casual, ya que entonces eran considerados los mayores especialistas en el transporte fluvial de madera. Precisamente, fueron ellos quienes enseñaron el oficio a muchos jóvenes de Aezkoa, Orotz-Betelu y Artozki, ahora enterrado bajo Itoiz. Entre aquellos pioneros, el libro destaca a Juan Vicente Salvador, considerado el primer maestro ganchero llegado al Irati.
ARTOZKI, UN PUEBLO ENTERO
Más allá del oficio y de la historia tras las cuatro muertes, Óscar Ramos también ha querido reconstruir la vida de 14 barranqueadores de la cuadrilla de Artozki y otros centralistas que trabajaron en las Centrales eléctricas de Artozki, inaugurada en 1904, y en la de Usoz, puesta en marcha en 1933, ambas pertenecientes a la Sociedad El Irati impulsada por Domingo Elizondo, a la que dedica un capítulo entero. “Hay datos increíbles de lo que fue El Irati, las cuentas, el coste de cada presa... En su día eran más de 1 millón de pesetas”, apostilla el de Muniáin.
Así, desde un punto de vista cotidiano y familiar, Óscar Ramos se ha detenido en las historias personales de 26 familias de Artozki vinculadas al barranqueo, que permitió subsistir la economía del pueblo en los meses más difíciles. Para ello, además de investigar en archivos municipales o en el Archivo General, también ha logrado contactar con los descendientes de esas familias, de quienes ha obtenido mucha información y fotografías inéditas y a quienes está inmensamente agradecido. “Algunos hijos me decían que sus padres no eran nadie importante, pero justo eso es lo que intento rescatar: la historia anónima de tantas personas que tuvieron vidas sencillas, pero que vivían por pura subsistencia y que, aparte, tenían sus aficiones”, apostilla.
Ejemplo de ello son las historias de Teodoro Iturralde “Chocarro”, figura clave que coordinó la cuadrilla de Artozki; Bernardino Resano, responsable de las centrales hidroeléctricas de Artozki y Usoz; Isabel López, comadrona muy respetada en el valle y esposa del centralista Moisés Ancín; o Epifanio Legasa, uno de los mejores barranqueadores por su fortaleza y conocimiento del río, entre otros. Además, también dedica un apartado especial a Martín José Iribarren, último barranqueador de Artozki que falleció en 2024 durante la investigación del libro y que fue un testimonio único y esencial, y, por último, a los transportistas de la madera, desde que se construyó la carretera Itoiz-Garralda hasta los dos únicos trabajadores actuales.
MEMORIA ESCRITA
Para Óscar, la publicación Barranqueadores y centralistas en el río Irati (en venta por 27 € en la Librería de la Estafeta y por 20 € mañana en la presentación de Nagore y el 20 de junio a las 19 h en Aoiz), supone la culminación de 5 años de estudio, pero también una forma de devolver a sus protagonistas el lugar que merecen en la memoria colectiva del valle de Arce/Artzibar. “Lo que no se escribe, siempre se olvida”, suele repetir el autor.
Y así es como, gracias a su tesón, nombres que apenas perduraban en una vieja fotografía o en un recuerdo familiar vuelven a cobrar vida para reconstruir la memoria de todo un pueblo y de una forma de vivir ligada al Irati. “Es increíble lo que se puede sacar de un pueblo. Al final, hablar de las 26 familias de Artozki es la totalidad del pueblo y es muchísima satisfacción”, concluye.
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