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Sakana

Medio siglo de la tragedia de Etxarri Aranatz

La explosión en un garaje de una granada abandonada por el ejército en Andia se llevó la vida de cinco vecinos

Medio siglo de la tragedia de Etxarri AranatzN.M.

El pasado jueves, 18 de junio, se cumplieron 50 años de la explosión en Etxarri Aranatz de una granada de mortero abandonada en la sierra de Andia por el Ejército durante unas maniobras militares. Perdieron la vida cinco personas. Eran: Gloria Pegenaute Pegenaute, de 58 años; Saturnino Luis Erdozia, de 43 años y su hijo José Luis Luis Tabar, de 6 años; Segundo Maiza Beltza, de 71 años y su nieto, Jesús Miguel Zeberio Maiza, de 11 años. El domingo, el pueblo de Etxarri Aranatz, sin siglas, les recordó en un emotivo acto de memoria colectiva en el que se reivindicó verdad, reconocimiento y justicia.

La explosión se produjo minutos antes de las nueve de la noche, el final de una larga tarde que invitaba a estar en la calle, cuando Saturnino Luis manipulaba en el garaje de su vivienda, situada en la calle Zugarreta, un artefacto que había encontrado en la sierra. El estallido rompió la tranquilidad de la tarde y numerosos vecinos y vecinas acudieron de inmediato al lugar. El escenario era dantesco.

El pueblo de Etxarri Aranatz quedó en estado de shock”, destacó Garbiñe Karasatorre. También recordó que al día siguiente se celebró un funeral multitudinario en la plaza y que el Ayuntamiento convocó un pleno extraordinario en solidaridad con las personas afectadas y exigir al Ejército el cese de las maniobras. “Mirar hacia atrás a veces no es un ejercicio fácil porque se puede avivar el sufrimiento pero es imprescindible porque lo que no se recuerda se olvida y se puede repetir”.

Pudieron haber sido más víctimas, personas que aquel día estaban o estuvieron cerca de lugar de la explosión pero tuvieron más suerte. A Joxan Jaka, miembro del grupo de txistularis y gaiteros de Etxarri, le salvó la vida su afición a la música. “Era amigo de Jesús Miguel y muchas veces jugábamos por esta calle. Aquel día también pero cuando se acercaron las ocho mi madre me avisó que tenía que ir a clase de txistu. Escuché la explosión mientras estábamos ensayando”, recordó.

Aritz Igoa durante el homenaje, cerca de la vivienda donde fue la explosión y el mural pintado por Iker Uribe.

Reconocimiento popular medio siglo después

Aritz Igoa fue el encargado de leer la declaración de reconocimiento del pueblo de Etxarri Aranatz. “Han sido víctimas de una doble injusticia porque aquel siniestro artefacto nunca debió haber estado donde fue encontrado y porque cargaron sobre sus espaldas la responsabilidad de lo ocurrido”, afirmó. En este sentido, denunció que ni el Ejército español, ni el propio Estado, asumieron su responsabilidad. Asimismo subrayó el “carácter pacifista y antimilitarista de nuestro pueblo”, e incidió que en el contexto actual es más necesario que nunca decir no al Ejército y a la guerra. “Solo traen muerte, dolor y miseria. Eso lo hemos aprendido bien en Etxarri Aranatz”.

Por su parte, Ainara Gorostiaga, de Egiari Zor Fundazioa, subrayó que esta tragedia “causó un profundo sufrimiento en varias familias y dejó una huella permanente en la memoria colectiva del pueblo de Etxarri Aranatz. Hay heridas que los años no borran y también hay preguntas que siguen sin respuesta”. A su juicio, la cuestión fundamental no era quién recogió el artefacto, sino cómo llegó a una zona de montaña utilizada por la población y cómo era posible que “un material militar utilizado años atrás siguiera poniendo en peligro la vida de la ciudadanía”.

Asimismo, denunció que hay víctimas de primera y de segunda. “Es imprescindible que todas, sin excepción, tengan derecho a la verdad, al reconocimiento y a la reparación. Frente a la pérdida humana, la memoria democrática debe actuar en pie de igualdad. En el caso de las cinco personas que recordamos hoy, es más doloroso aún porque no son consideradas víctimas”. Por ello, realizó un llamamiento a las instituciones navarras y a todas las administraciones públicas pertinentes para que “revisen este suceso y analicen un relato que ha estado vigente durante todos estos años y les den el reconocimiento institucional que se merecen estos etxarriarras que perdieron la vida como consecuencia de la actividad militar”. 

El reconocimiento, celebrado en el exterior de la ermita Andra Mari, finalizó con una ofrenda floral.

El homenaje se celebró al mediodía en el exterior de la ermita Andra Mari, muy cerca del lugar donde se produjo la explosión y del mural que ha dibujado Iker Uribe en memoria de las cinco personas fallecidas. Además, se entregó a las familias una reproducción a pequeña escala de la obra como recuerdo conmemorativo. El acto, que estuvo amenizado con música, finalizó con una ofrenda floral.