Aunque se notó que era día laborable, San Pedro fue lugar de encuentro de cientos y cientos de altsasuarras, una fiesta que se celebra en cuadrilla o en familia. Después de varios días de intenso calor, llegó el deseado descenso de las temperaturas pero también la amenaza de lluvia. En previsión de lo peor, el viejo robledal estaba salpicado de jaimas y toldos para protegerse de un posible chaparrón que nunca llegó. Asimismo, algunos grupos decidieron reunirse en torno a una mesa a cubierto.
El programa, al igual que el escenario festivo, apenas ha cambiado con el paso del tiempo. El vino continúa siendo uno de los grandes protagonistas, bebida que ofrece el Ayuntamiento en las tradicionales tazas de plata. Se repartieron unos 250 litros. Así, el puesto del reparto fue lugar de visita obligada.
Día grande, esta fiesta tiene también carácter institucional. Así, la corporación acudió en comitiva hasta la ermita acompañada de los txistularis. Asimismo, comió con los y las trabajadoras municipales y el alcalde de Urdiain, David Oroz, localidad con la que Altsasu comparte la titularidad de la ermita. El de Altsasu, Javier Ollo, devolverá la visita este próximo domingo, en las celebraciones de San Pedro de Urdiain.
Zortzikos mañana y tarde
Otro ingrediente imprescindible de esta fiesta es el zortziko. Numerosas personas, sobre todo jóvenes, respondieron a la llamada de los txistularis para bailar. Por la mañana fueron tres, el primero encabezado por los quintos y quintas de este año. De hecho, en las celebraciones de Santa Águeda el zortziko es asignatura obligada. Por la tarde hubo más, el primero a cargo del alcalde. Antes se repartieron puros.
La gastronomía constituye el otro gran pilar de esta fiesta. Almuerzo, comida, merienda e incluso cena en algunos casos. Algunos optaron por llevar la comida preparada desde casa y darle un último calentón antes de sentarse a la mesa. de casa y darle un calentón a última hora, otras hicieron hogueras para la txistorra y la tocineta del mediodía además de la carne de la comida.
Las fogatas es otra de las costumbres de San Pedro y había cierta preocupación entre algunos tras las restricciones de estos pasados días. En aplicación de la Orden Foral 222/2016, se prohibieron fogatas, barbacoas y el uso de cualquier material pirotécnico fuera del casco urbano. De hecho, no hubo hoguera en la ermita de San Juan. Reducido el riesgo de incendios forestales, el Ayuntamiento levantó la prohibición con un nuevo bando en el que se recomendaba no realizar fuego y extremar las precauciones.