Cada domingo por la mañana, mientras Pamplona y su Comarca despierta con menos prisas, un pequeño ritual se repite en Landaben a pesar del frío. Entre las 9.00 y las 14.30 horas –salvo en julio y agosto–, una multitud de puestos se levantan como una alternativa silenciosa a las grandes superficies con la oferta de fruta y verdura de cercanía y de temporada, embutidos, dulces caseros y cosméticos artesanales, entre otros, en el Mercado de Landaben. Un encuentro que continúa atrayendo a cientos de personas que apuestan por el kilómetro cero y de calidad, aunque, como advierten los propios comerciantes, “la afluencia ya no es como la de antes”.
Entre cajas de verdura recién recogida, pan de masa madre y embutidos elaborados de forma artesanal, la alimentación sigue siendo el alma del mercado. “Hay mucha gente, pero es difícil, cada día acude menos gente”, ha explicado Basil Georgev, vendedor de verduras y hortalizas desde 2015.
“Hay mucho centro comercial, se reparte mucho la compra y el dinero es cada vez menor. Pero nuestro producto es de aquí, de Navarra y La Rioja. Esto es producto local de verdad”, ha reivindicado, señalando el género de su puesto. Además, como ha indicado Basil, si hay una protagonista indiscutible esta temporada, es la alcachofa. “Es la reina más demandada ahora mismo, aunque valga ocho euros la gente no se lo piensa”, ha asegurado.
La escena se repite a pocos metros, donde Pedro Aguirrezábal, tercera generación de feriantes, ha resumido una vida entera ligada a los mercados. “Llevo desde que tenía 14 años y en Landaben soy de los pioneros. Si no vengo yo, no abre el mercado”, ha bromeado.
A lo largo de los años ha visto cambiar la manera de comprar, pero no la esencia. “Antes se llevaban un jamón entero, ahora piden medio kilo fileteado. Nos hemos adaptado al momento sin perder la calidad”, ha asegurado. Una adaptación constante para sobrevivir en un contexto que, como ha subrayado Pedro, es cada vez más exigente.
"Antes se llevaban un jamón entero, ahora piden medio kilo fileteado"
El pan y la repostería también hablan de tiempos lentos. Héctor Orbizo, vendedor con más de quince años en el mercado, ha defendido un producto “de toda la vida, con fermentaciones largas y masa madre”. Para Héctor, la falta de relevo generacional es uno de los grandes problemas.
“La gente mayor se jubila y no entra nadie nuevo. Sin apoyo, esto se va apagando poco a poco. El año pasado había muchos más puestos”, ha lamentado, mientras ha atendido a clientes que repiten domingo tras domingo sus irresistibles tartas de queso y su rosquillas.
Quienes prueban cada bocado de los productos dulces que Landaben ofrece en su mercado coinciden en que “este producto no solo cumple, sino que supera ampliamente las expectativas frente a otras opciones del mercado”. Así, lo ha declarado Marta Gil, clienta habitual, que ha explicado que “se nota desde el primer bocado que los ingredientes son de mucha más calidad, el sabor es más intenso y natural, nada artificial”.
A esto se ha sumado la opinión de su primo Iñigo Elgorriaga, que ha destacado que “además de estar buenísimo, no resulta pesado ni empalagoso, algo que sí me pasaba con otras marcas, que al final cansan”. Ane Urbizu, clienta frecuente, ha añadido que lo que más le sorprendió de su primera visita al Mercado, “hará ya unos cinco años”, es que “apetece repetir, no es solo que esté rico, es que tiene un equilibrio perfecto que hace que no quieras volver a otros productos”.
En conjunto, estos testimonios reflejan que frente a productos similares, este destaca por su sabor auténtico, su textura cuidada y una calidad que se percibe desde el primer momento, convirtiéndose en una opción claramente superior y más rica. Una experiencia que va más allá de los precios y de la economía.
“Aquí sé de dónde viene lo que compro y a quién se lo compro”, ha contado María Etxeberria, vecina del barrio de San Jorge, que acude cada semana. “Pago un poco más, pero gano en sabor y en tranquilidad. He venido a por unas alcachofas y cardo fresco, mis favoritos de la temporada”, ha declarado la pamplonesa. Una idea que comparte con su hijo y joven cocinero Iñaki Salinas. “La alcachofa de aquí no tiene nada que ver con la del supermercado. Landaben es casi es patrimonio de la ciudad y deberíamos cuidarlo más”, ha reivindicado Iñaki.
Entre la fidelidad de sus clientes y la incertidumbre del futuro, el Mercado de Landaben resiste cada domingo como un recordatorio de que el consumo local, responsable y de calidad sigue teniendo sentido y cabida, aunque cada vez cueste más sostenerlo.