El encierro del Pilón de este año llegó ayer al ecuador y la cuarta carrera, la protagonizada por las vacas de la ganadería Lastur, de Itziar, fue vistosa, limpia y muy tranquila. De hecho, los efectivos de la DYA tan solo tuvieron que atender a 6 corredores con heridas leves; raspazos y quemazos, informaba Adriana Autor, producidos en el tramo final. La manada llegó a la Fuente de los Pajaricos de forma compacta cuando habían pasado 40 segundos desde el segundo cohete que se encargaron de lanzar el alcalde y la alcaldesa infantil con motivo del Día del Muete (Noa García Alfaro e Iraitz Zenoz Lerín) y así permaneció hasta llegar al corral haciendo un registro de 1 minuto y 11 segundos. Ayer hubo más corredores en la cuesta y, de hecho, muchos fueron los que aguantaron y protagonizaron largas carreras delante de los astados, a diferencia de estos días atrás, puesto que, apuntaban, la velocidad se lo permitió. La primera valoración de los ganaderos, José y Ainhoa Oñederra, padre e hija, fue que “lo hemos visto bien, ha sido una buena bajada y creemos que los corredores también la han disfrutado, se les veía felices”. Ellos dos, explicaban, se colocan en el corral de abajo y a lo largo del recorrido tienen entre 7 y 8 pastores además de los falcesinos que les ayudan. “Es gente muy buena, corren bien y saben cómo hay que tratar al animal, que eso cambia mucho, porque si le aprietas demasiado para arriba o para abajo se apura, y para mí siempre hay que dejarle espacio y aire y saber cuándo hay que salir; no es salir por salir”, apuntaban ambos.

Vacas jóvenes y veteranas

En esta ocasión, y tras más de una decena de años participando en el Pilón, escogieron 7 vacas veteranas que ya habían corrido en anteriores ocasiones y 3 jóvenes “porque siempre es bueno ir enseñando al ganado poco a poco”. “Muchas veces se nos han escapado, este año no, así que bien, contentos. Entiendo que a la gente le entretiene y gusta más que se escapen pero nosotros preferimos que bajen del tirón”, reía Ainhoa que apuntaba que, para llegar a la localidad ribera en tiempo y forma quedaron a las 4 de la madrugada para cargar a los animales. En este sentido, y al no haber prueba de ganado, aseveraba que llevan solo 10 animales y que, en el caso de que alguno se lesione por el camino, algo que hasta ahora no les ha pasado, bajaría una vaca menos en el encierro. “El Pilón es muy emocionante; hay sensaciones que en otros sitios no hay. No hacemos ningún otro encierro similar”, afirmaba la joven ganadera al tiempo que su padre reiteraba que “nos gusta venir porque tiene un aliciente extra. Es un acto de un minuto, un minuto y poco que mueve a miles de personas, por algo será; tiene algo. Estamos satisfechos y nos vamos con buenas sensaciones”.

Grupo de rescate

Por allí estaba también, vara en mano, Iván Valenciano, de la ganadería Lastur, y que pertenece al grupo de rescate de animales del que forman parte más de 200 personas de todo el país y con el que el Ayuntamiento de Falces firmó un convenio, de momento anual, hace apenas unos meses (en la firma del mismo el Consistorio aprovechó para reconocerles la labor que ejercen). Estos días, desvela, están en Falces en torno a 15 personas y aunque aún no han tenido que intervenir, espera hacerlo en alguno de los encierros que restan. Son gente, explicaba Valenciano, con perros de agarre y pastores.

Entre sus cometidos, insistía, “está, por ejemplo, actuar si alguna vaca se va a la poza. Ahí la ensogamos, con o sin anestesia porque a veces no hace efecto, le tapamos los ojos y la sacamos. Y con los perros actuamos cuando los animales se escapan por el monte. Si ahora se van de aquí 4 vacas las rastreamos y buscamos con los perros hasta cogerlas”. Ambas maniobras, comentaba, son diferentes, “y es que en la poza tienes a todo el mundo encima y tienes que procurar hacerlo lo antes posible, y en el monte te organizas mejor porque si las ves por una zona las mueves y tienes más tiempo para pensar; aquí es más inmediato”.