MI madre murió el pasado 25 de abril. En estos momentos tan dolorosos, quiero sin falta que todo el mundo sepa lo mucho que nos ayudaron a mi familia, a mí, y muy especialmente a mi madre, todas las personas que se cruzaron en nuestro camino durante la dura y larga enfermedad. Estoy hablando del equipo de Hemodiálisis del Hospital Virgen del Camino de Pamplona. Todos los miembros son gente que, profesionalmente, realizan un trabajo impecable. Pero también llevan a cabo una labor encomiable a nivel personal, ya que en todo momento están en alerta, continuamente pendientes de los pacientes. Algo que resulta realmente admirable. Nunca se les pasa nada por alto.

Pero lo que de verdad quiero destacar con esta pequeña carta de agradecimiento es la gran calidad humana que todos ellos muestran no sólo hacia sus pacientes, sino también hacia los familiares. Su gran sensibilidad y atención resultan impagables para todas las personas que tenemos o hemos tenido a un familiar en tratamiento de hemodiálisis. Por eso quiero con estas líneas que todo el mundo sepa el buen hacer de todas estas personas que, desinteresadamente, te atienden cada día con gran cariño. Al menos en mi caso ha sido a pesar de que, debo reconocerlo, les he dado la pelmada hasta límites insospechados.

Por todo ello, ahora que mi madre ya no está entre nosotros, no sé cómo expresar todo lo que siento en estos momentos. No sé cómo agradecerles todo lo que nos han dado a mi familia y a mí, cuánto consuelo, cuántas palabras oportunas y tan a tiempo. Durante todos estos meses (casi 3 años de diálisis y alguno más de prediálisis) han sido nuestro cobijo, nuestro paño de lágrimas. Mi madre siempre decía que para ella eran ya parte de su familia, de su gente. Gracias a ellos mi madre reía, se relajaba, estaba como en su casa, por no decir mejor. Durante el tiempo que recibía el tratamiento de hemodiálisis, gracias al espléndido equipo de profesionales y, sobre todo, de personas que le rodeaban, olvidaba el dolor y el sufrimiento que le causaban su enfermedad.

No quiero nombrar a ninguno de estos grandísimos profesionales porque seguro que se me olvida alguno. Pongamos que se llaman Concha, Pilar, Ramón, Carlos, Mar, José Luis, Alicia... Así una larga lista de gente impresionante, gente que te marca una vida, porque es gente que te enseña a vivir, a afrontar la enfermedad o incluso la muerte con humildad, cariño y buen hacer. Unos valores que sólo se encuentran en la gente buena con un corazón inmenso. Gracias, sólo puedo daros las gracias por haber estado ahí. Mi madre se fue queriéndoos muchísimo y a nosotros, su familia, ahora nos quedáis vosotros para siempre como una parte muy importante de nuestras vidas.

Ana Isabel Tollar Urmeneta

Familia de Teresa Urmeneta