lA pala excavadora, se entiende. A la de jugar a pelota no parece profesarle ningún cariño. Por orden del Ayuntamiento, las palas excavadoras han derruido el frontón de los fosos de la Ciudadela, como ya hicieran en su día con el Euskal Jai de la calle San Agustín, esa catedral modernista de la pelota profanada y arrasada sin ningún miramiento. No hace mucho, el consejero Corpas presentó un itinerario turístico denominado la Ruta de la Pelota en Navarra. A este paso no les van a quedar frontones que enseñar. Van a tener que hacer otro museo como el de los Sanfermines, algo así como el Museo de la Pelota en Navarra -prohibido usar el anexionista adjetivo vasca-. Podrían erigir el edificio -negro, rectilíneo, divino- en el solar del Labrit, ya que es de suponer que en cuanto acaben el magno Reyno de Navarra Arena, querrán cargarse la bombonera. El frontón de los fosos fue construido en 1948, como parte de las instalaciones del Estadio Mola, desaparecido progresivamente entre 1960 y 1965, y del que era el último vestigio. Habida cuenta de las querencias onomásticas y propensión al ardid en la rotulación del gobierno municipal, lo mismo cuando acaben las obras de rehabilitación del revellín de Santa Ana -en las que se enmarca el derribo del frontón-, nos sorprenden con algún cartel del tipo "Revellín de Santa Ana, el revellín que más Mola". Desde el Consistorio explican que el derribo se realiza, por un lado, para recuperar la visión del revellín en cuestión desde la Avenida del Ejército y, por otro, porque el frontón había entrado en desuso. Tremenda obsesión esa de que se vean las murallas. Todo les molesta, tanto los árboles de Curtidores como el frontón de la Ciudadela. Bueno, todo no. Ese Baluarte, que para abrazar al Corte Inglés da la espalda a la avenida del Ejército y deja la Ciudadela encajonada, establece con las murallas un diálogo arquitectónico interesantísimo. Manda revellines. Lo que les molesta es la vida en las murallas, la vida en la ciudad. Se han cargado uno de los últimos frontones libres y gratuitos de nuestra metrópoli foral. En vez de intentar revivirlo lo han derruido. Es un craso error. No porque lo diga yo, sino porque lo dicen los expertos internacionales que participaron en las jornadas sobre el patrimonio amurallado de Pamplona, organizadas por el propio Ayuntamiento: "El uso garantizará una continua relación de las murallas con los ciudadanos y que éstos se apropien de aquellas", "no deben ponerse cortapisas a iniciativas culturales, gastronómicas, deportivas".