Puestos a militarizar controladores, ayer podían haber sustituido a los controladores del juego del Barça por tres militares. En lugar de Messi, Xabi e Iniesta tres cabos furrieles, y aúpa Osasuna. Vaya lío montaron. No lo digo por el partido, que es lo de menos. Lo digo por lo del estado de alarma, que es el no va más. Sólo faltó que siguiendo los pasos de su fiel aliado de La Moncloa, Sanz ordenase a los forales tomar al asalto la torre de control de Noain, para evitar la suspensión de su viaje a Chile y Argentina. Declarar el estado de alarma, sacar al Ejército a la calle contra una huelga, por muy salvaje que ésta sea, resulta difícil de digerir desde un punto de vista democrático. No se me escapa que los controladores aéreos han estropeado el puente a miles de personas. Pero los grandes banqueros y empresarios -que ganan muchísimo más que los controladores- les están jodiendo la vida a millones y no mandan a los militares a pararles los pies. Apenas se escucha a los controladores. Y algunas de sus denuncias resultan, cuando menos, interesantes. Denuncian, por ejemplo, que en 2004 AENA daba beneficios y que hoy acumula una deuda de 12.000 millones de euros, no por los sueldos de los controladores sino porque ha adjudicado obras por 50.000 millones. Siempre según los controladores, como preparaban la privatización del servicio les interesaba generar deudas. En el caso de la nueva terminal de Noáin, la teoría podría explicar la realidad. Se han gastado 44 millones en una infraestructura de dudosa necesidad. Hace cuatro años, cuando la proyectaron, anunciaron que los vuelos se duplicarían. Han bajado a la mitad. Y no parece probable que en este contexto de crisis el tráfico aéreo vaya a aumentar. Probablemente, en este caso se han juntado el hambre con las ganas de comer, la manirrota AENA con el jotero Gobierno foral: Pamplona, Pamplona, que parece Washington, tiene presidente foral y toda la hostia, aeropuerto y estación -del TAV, se entiende-. Lo de menos es que hagan falta. Lo importante es parecerse a Washington, como mencionaba el otro día la compañera Pili. Ojo: ese joterismo no es endémico. Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para percatarse de que se trata de un mal muy común. Foronda, Hondarribia, Biarritz y Loiu. O lo que es lo mismo, Vitoria, Bilbao, San Sebastián y Baiona, cada ciudad con su aeropuerto. También Zaragoza. Hay más aeropuertos que paradas de taxis, como si fuese imprescindible que el avión te deje en la puerta de casa, como si nadie fuese capaz de poner un poco de orden, planificación, coordinación. "El aeropuerto es una infraestructura estratégica e irrenunciable para esta ciudad", reivindican calándose la boina a rosca. Y a continuación exigen más millones para el TAV. Qué más dará que el avión y el tren de alta velocidad sean competencia directa. Aquí lo importante, repito, es parecerse a Washington, cueste lo que cueste.
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