EL avance experimentado por el euskera a lo largo de las tres últimas décadas, tanto en cuanto a su expansión social, su uso, íntimamente ligado a la evolución de sus características idiomáticas y al desarrollo de su aplicación a múltiples ámbitos del conocimiento, se ha convertido en un ejemplo resaltado de forma unánime a nivel internacional y hasta con cierta sana envidia por aquellos que contemplan a nuestra lengua desde otras también minorizadas. Ese avance, el logro de duplicar el número de hablantes de un idioma en situación de evidente inferioridad, es resultado, más que de una política lingüística muchas veces errática y contraproducente, de un empuje social mantenido y de un esfuerzo constante de muchas personas de todos los ámbitos sociales. Sin embargo, esa misma situación de evidente desventaja que las distintas políticas debieran combatir obliga al euskera a mirar no al pasado sino al futuro, a redoblar esfuerzos, instrumentos y sobre todo voluntades para evitar pausas que comprometan su desarrollo mediante un impulso continuado que sirva, al mismo tiempo, de consolidación de lo conseguido. La paralización del Consejo del Euskera y el Plan Estratégico 2009-2012 por parte del Gobierno de UPN; la supresión o minimización de ayudas a las ikastolas y al Nafarroa Oinez; la reducción de las subvenciones a los euskaltegis municipales; la rebaja de las exigencias de dominio de la lengua vasca en las ofertas públicas de empleo de la Administración; las dificultades para implantar el modelo D en algunas zonas, a pesar de la evidente demanda social; la escasa sensibilidad euskaltzale... son, más que síntomas de insensibilidad, signos evidentes de desdén que, de modo consciente o no, pueden provocar una paralización del elogiado avance. La futura supervivencia de nuestra lengua pasa por su constante desarrollo y a éste no le basta con celebrar un Día Internacional del Euskera: las autoridades que se arrogaron el mandato de una sociedad cada vez más concienciada y comprometida con su idioma y, por tanto, la responsabilidad de proteger e impulsar éste, deben hacer notorio su apoyo. El euskera ya tiene palabras. Precisa voluntad, esfuerzo, instrumentos... Necesita hechos.