"EL estado de alarma resolvió la crisis en 24 horas" y lo dice el mismísimo presidente del Gobierno lleno de orgullo, como si fuera meritorio resolver imponiendo y no negociando, como si ahora tuvieran una varita mágica ante todo lo que se les va de las manos, como si los efectos de este caos en los ciudadanos desaparecieran por decreto. Se refiere, claro, a la crisis aérea, no la otra, a la de verdad, a la que realmente nos está llevando a todos y todas a un auténtico estado de alarma. La crisis de la que no se levanta cabeza, la que no te arruina un puente sino el acueducto de cada día. Pero Zapatero, ese hombre que según los papeles de Wikileaks (los mismos que definen a Blanco como un ministro de no fiar porque no mira a los ojos) es un político astuto, que sabe cómo tapar una crisis con otra. Quizás por ello en el mismo Consejo de Ministros que aprobó las nuevas condiciones de los controladores aéreos se suprimió, como en un segundo plano y sin meter ruido, la ayuda de 426 euros para los parados sin rentas, una ayuda que permite subsistir a más de 688.000 personas desde que se puso en marcha. Sólo en Navarra son unos 6.000 los desempleados que han cobrado esta renta de protección social, ligada a la formación y al empleo, dirigida a quienes no tienen nada más porque han agotado los subsidios. Pero claro, aunque son muchos miles de personas los que se van a ver perjudicados por esta medida, el día en que se les deja en la estacada va y se cierra el espacio aéreo. "Yo quiero trabajar, no 426 euros", decía un parado a la puerta del Inem; "Yo no quiero indemnizaciones, quiero volar", decía un viajero a las puertas del embarque. Crisis sin resolver, en cualquier caso.