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El examen de PISA

El informe PISA coloca a los estudiantes de ESO navarros por encima de la media estatal y de los países de la OCDE. Lejos de la autocomplacencia, el Ejecutivo no debe perder de vista las necesidades del sistema educativo foral

sI se somete cualquier sistema reglado a un examen comparativo, a una evaluación de puntos fuertes y débiles, es mejor que los resultados que depare sean positivos que negativos. Después, el abanico de valoraciones que suscite ya se encargará de ensalzar lo bueno o de rebuscar entre lo deficiente. Viene esto a cuento de los datos ofrecidos por el Informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), que ofrecen una alta puntuación para los alumnos navarros de 15 años que cursan la ESO, y no tan buenos en lo referido al conjunto del Estado. En esto, como en todo, los destacados se cuelgan medallas (léase el consejero foral del ramo Alberto Catalán) y los disconformes responsabilizan de la baja nota a la política del Gobierno del PSOE (véase Soraya Sáenz de Santamaría). El informe PISA, amparado por la OCDE, tiene el rigor de la amplísima muestra con la que trabaja, pero debe ser considerado también no como una prueba certera de conocimientos adquiridos, sino de lo que los alumnos saben hacer con lo que han aprendido. Busca más la utilidad que la intelectualidad, si es que ambos pueden considerarse términos contrapuestos. Y así, mientras el consejero navarro saca pecho esgrimiendo los documentos como prueba de la eficacia de su política educativa, en Canarias, que da algunas de las cifras más bajas del Estado, denostan los resultados y se niegan a someterlos a comparación con otras comunidades. Lo cierto es que en el caso de Navarra los valores obtenidos en Ciencias y Matemáticas apuntan la misma tendencia, salvando las distancias y las edades, de la evaluación realizada en 2009 por el Ministerio de Educación entre alumnos de Primaria, y que subraya también los amplios conocimientos en Matemáticas y Naturales de los escolares de la Comunidad Foral. De cualquier forma, como advertía el ex presidente de la Unesco Federico Mayor Zaragoza, el sistema educativo no debería "conmoverse" por los datos del Informe PISA, sino ponerlos en su justa medida; lo adecuado sería generar sistemas propios de evaluación, buscar los puntos flacos de PISA sobre los que mejorar y, a la hora de educar, animar, sobre todo, el papel crucial que debe desempeñar el entorno familiar. Mejor poner a enfriar el autobombo tan propio de estos lares y seguir con atención los problemas de la educación, desde el apoyo a la UPNA hasta la necesidad de mejores dotaciones escolares. Aunque éstas, claro, no salen en ningún informe internacional.