LOS centros de Atención Primaria han detectado un peculiar comportamiento de la población, ante la inminencia de las fiestas navideñas y los tradicionales ágapes que las acompañan. Al parecer, ciertos enfermos crónicos, sobre todo diabéticos e hipertensos, además de los que deben controlar su dieta para mantener la salud, acuden a las consultas para "pasar la ITV" y comprobar los niveles de colesterol y presión arterial y, en función del estado, levantar el freno y prever alguna alegría gastronómica, que se corregirá en enero, cuando hayan terminado las comilonas y los excesos pasen la factura en forma de colesterol por las nubes y valores alterados. Y eso que los médicos en general apuestan últimamente por no prohibir a sus pacientes un poquito de turrón o de alcohol -un poco, que los datos hechos públicos ayer por el Ministerio de Sanidad revelan un aumento considerable en el consumo abusivo de bebidas de alta graduación, sobre todo concentrado en los fines de semana-; es más, algunos usuarios incluso negocian y pactan con su doctor cuáles serán las excepciones para el final de año. También la crisis aporta una dosis de moderación por necesidad. Pero con la entrada de enero, en el afán por dar marcha atrás, aparecen traumatismos, contracturas y lesiones por esfuerzos extraordinarios para bajar michelines -que una vez que se instalan ni se quitan ni dejan de expandirse- o por aquello del año nuevo, vida nueva. Así que, en la siguiente revisión, el vehículo no pasa la ITV y hay que tenerlo un tiempo en cuarentena.