eSTA mañana, cuando me servía el café, me he quemado con la cafetera la yema de tres dedos. Después de tirar del largo repertorio de blasfemias (¿por qué cuanto más monumental es el disparate más alivio sentimos...?; ahí lo dejo para otro día); pues eso, que después de escandalizar al vecindario a voz en cuello he corrido al ordenador y le he mandado un e-mail al señor Bra, ya que es el nombre industrial que he descubierto en la cafetera. Mire señor Bra -le digo-, sepa usted que desde hace años soy fiel usuario de sus cafeteras, en particular de esas pequeñas de modelo italiano que hacen una dosis generosa para tipos como yo que entre otros muchos defectos tengo el de tomar café incluso antes de ir a dormir. Después de probar con melitas, expreso, de émbolo y utensilios de similar fin, le guardo fidelidad a su marca desde hace años y sepa que incluso me llevo el cachivache cuando voy de vacaciones. Hoy, al ponerme el café casi ardo como Juana de Arco. En documento adjunto le aporto foto para que observe el desperfecto en mis propias carnes y vea lo que algunos están dispuestos a hacer por una Bra, señor Bra. No sé si me entiende... Y le doy a enviar. Pocos minutos después, recibo la respuesta del señor Bra. Para mi sorpresa, me remite la foto de Bernie Ecclestone con su ojo a la virulé ilustrando el anuncio del reloj Hublot, a la sazón causante de ese moratón tras ser asaltado por un caco conmovido por semejante joya. Llega tarde, señor Monreal -me dice-; tengo cien propuestas como la suya. Pruebe a meter los dedos en un enchufe y que su viuda se ponga en contacto con Iberdrola. Suerte.
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