no me gusta el victimismo. Tampoco escribir sobre mí mismo. Pero creo que en esta ocasión mi caso particular puede ser ilustrativo de la situación general. Estudié en la Ikastola Municipal de Pamplona, pionera en la educación pública en euskera. En ella padecimos durante años la alegalidad académica -la Administración al principio no la reconocía- y una tremenda falta de medios materiales. Muchas veces comenzábamos el curso recibiendo clases en plena calle, en plena plaza del Castillo. En el instituto Padre Moret-Irubide, formé parte de la primera promoción que hizo el bachillerato en euskera en la enseñanza pública navarra. Allí sufrimos falta de medios humanos. No teníamos ni la mitad de los profesores que en teoría nos correspondían. Antes de comenzar la carrera, trabajé dando clases de euskera en AEK. Prácticamente se recibían más subvenciones entonces que ahora, ya que las ayudas del Gobierno de Navarra a los euskaltegis se han reducido en un 40% durante los últimos nueve años. Estudié Periodismo en la UPV, en Leioa. Allá también faltaban profesores. Antes de acabar la carrera, empecé a trabajar en Euskaldunon Egunkaria. El periódico fue cerrado por la Audiencia Nacional. Posteriormente, los jueces exculparon al rotativo y a sus responsables, subrayando que no había una sola prueba en su contra. Esto es, en su día lo cerraron, los encarcelaron, por la cara. También he trabajado y colaborado en diversos programas de ETB, única televisión generalista que emite en euskera, y que, hoy por hoy, no se puede ver en Navarra por la TDT. Curiosamente, sí puede captarse digitalmente en La Rioja. Ahora trabajo en Euskalerria Irratia, una vez más, en situación de alegalidad, sin licencia de emisión, a pesar de que el Parlamento de Navarra, el Congreso de los Diputados, diversas instituciones europeas y los jueces, en más de una ocasión, se han posicionado en favor de nuestra emisora. Nos ha sido imposible llevar a nuestra hija a una guardería pública en euskera, a pesar de que con los mismos puntos en el baremo de admisión no habríamos tenido ningún problema para que fuera aceptada en una guardería pública en castellano. Cuento todo esto porque la Unesco ha vuelto a situar al euskera entre las 2.500 lenguas que están en peligro de extinción, y en más de un foro de Internet he leído opiniones según las cuales los euskaldunes no padecemos ningún tipo de discriminación y el euskera sufre un proceso de desaparición natural.