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Un halo de esperanza

Pese a los nefastos augurios, la conferencia sobre cambio climático de Cancún acaba en acuerdo de mínimos sembrando las bases para un deseable pacto obligatorio que sustituya a Kioto en la cumbre de 2011 en Durban

contra todo pronóstico, dados los antecedentes y las posiciones de partida de cada uno de los países, la cumbre sobre el clima de Cancún no se ha cerrado con un nuevo chasco. La reunión concluyó al menos con una firme declaración de intenciones que cuenta sólo con la única y extravagante oposición de Bolivia. Porque Japón, China y Estados Unidos, que mantenían posturas que en principio parecían irreconciliables, dieron su apoyo al texto propuesto, que contó también con el aplauso de la Unión Europea. El acuerdo se alcanzó casi in extremis, cuando ya todo el mundo mascaba el fiasco, tal y como sucedió en la anterior cita de Copenhague. El texto de consenso no es sino un compromiso de mínimos que ha salvado la nefasta imagen y la decepción colectiva que hubiera supuesto un nuevo fracaso. En realidad, el acuerdo es más conceptual que práctico. De hecho, supone en primer lugar el compromiso de todos los países por salvar el planeta de la grave amenaza que supone el cambio climático y que ello debe darse en el ámbito de la ONU. Esto supone resituar el debate y alejar el fantasma de la ruptura. Además, hay un reconocimiento explícito de la necesidad de dar pasos conjuntos, como las reducciones de la desforestación y de emisiones de gases contaminantes. La única medida más o menos concreta aprobada en Cancún es la del compromiso de dotar 100.000 millones de dólares anuales desde 2012 dirigidos a proyectos climáticos en naciones en desarrollo, si bien no se especifica de dónde saldrá tal cantidad de dinero. Con todo, la conferencia ha dejado clara la intención de alcanzar un acuerdo real y efectivo que sustituya al Protocolo de Kioto, con el escollo principal de implicar a Estados Unidos, que no firmó el histórico texto. Todo queda, por tanto, a expensas de la próxima y decisiva cumbre, que se celebrará en Durban el próximo año. Es aquí donde el reto adquirirá su máxima dimensión, porque los países deberán trabajar a fondo para conseguir un pacto que sea de aplicación obligatoria y que realmente sea efectivo para frenar el cambio climático. Es, en cierto modo, lo que ha expresado el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, al instar a los países a seguir perseverando "para alcanzar un consenso más ambicioso más adelante", en definitiva, para algo más que para ponerse de acuerdo sobre que hay que ponerse de acuerdo. Con todo, mejor eso que nada, aunque no sea mucho.