no se trata de escatología, sino más bien de pura sociología. Porque el hecho de que la mayoría dispongamos en casa de dos baños, un hito de la modernidad, nos ha cambiado la vida y lo puede hacer aún más aunque no seamos plenamente conscientes de ello por mor de nuestras crecientes ocupaciones. Y es que ese segundo váter resulta un filón para culturizarse y entretenerse a nada que nos tomemos mínimamente en serio los minutos que en toda una existencia vamos a invertir en nuestras deposiciones cuando en los tiempos del urinario único no cabía ninguna actividad complementaria, menos en horas punta. Se insiste en que, con una cierta planificación, nuestra sesión diaria de trono nos haría más sabios porque podríamos dar cuenta por ejemplo de las obras completas de Homero o, en su defecto, degustar de un ocio de mayor calidad imponiéndonos otras rutinas provechosas más allá de la lectura de cualquier catálogo buzoneado, incluyendo herramientas como el ordenador, la Nintendo o los sudokus. El anverso del excusado doble en nuestros hogares es que uno y otro se han convertido en puntos de encuentro como consecuencia de las actuales obligaciones laborales de ambos sexos, cuya coexistencia también se dirime en el mingitorio -especialmente en las mañanas de entresemana- para asegurarse de que al menos media una conversación al día. En todo caso, y al margen del número de retretes para el que nos alcance, concurren certezas inmutables. Verbigracia, que, para la liturgia del excretar, rito sagrado donde los haya, nada como letrina conocida.
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