eN los últimos meses, han sido numerosas las voces que han alertado del evidente riesgo de que el conflicto del Sáhara termine derivando en una guerra. Analistas, dirigentes políticos, ciudadanos e incluso representantes del Frente Polisario lo han advertido con especial crudeza, sobre todo a raíz de la brutal represión que ejerció Marruecos el pasado 8 de noviembre, cuando arrasó literalmente el campamento saharaui en El Aaiún y continuó su razzia casa por casa, causando varios muertos y decenas de heridos. Hay que tener en cuenta que el pueblo saharaui lleva 35 años padeciendo una insólita situación de exilio y ocupación militar de su territorio pese a los acuerdos internacionales y las resoluciones de la ONU. En este contexto, puede parecer que esos recurrentes clamores que apuntan a empuñar de nuevo las armas no son sino tácticas de presión negociadora. Pero en los últimos días, este periódico viene publicando crónicas, reportajes y entrevistas sobre lo que ocurre en el Sáhara y la conclusión es contundente: los clamores de guerra se extienden cada día. En los campamentos de refugiados, en la zona ocupada, en los territorios liberados, los jóvenes, las mujeres, los veteranos, el Ejército, los dirigentes... todos hablan de una situación ya insostenible. "O independientes o víctoimas de un genocidio", vienen a decir, porque parece difícilmente soportable mantener esta situación de tensión permanente y de indefensión ante Marruecos. Nadie quiere la guerra, pero todos parecen dispuestos a coger las armas para defender sus derechos y la tierra que les pertenece. Muchos de los jóvenes de menos de 35 años no han pisado jamás su territorio. Han nacido y vivido siempre en los campamentos de refugiados y no están dispuestos a prolongar esta situación y que sus hijos padezcan su misma suerte. Si, finalmente, tiene lugar la confrontación armada, el fracaso de la comunidad internacional será histórico y de magnitudes desconocidas porque el conflicto se recrudecerá, se enquistará y amenazaría con extenderse. Y todo ello con la solución encima de la mesa: la celebración del referéndum de autodeterminación que ya fue aprobado por la ONU y que la actitud obstruccionista de Marruecos está impidiendo, unas veces con la diplomacia y las más a sangre y fuego. Salvo sorpresas, nadie espera una solución dialogada de las conversaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, pero el fracaso sería un camino casi seguro hacia una indeseable guerra.
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