Publicaba El Mundo ayer en boca del doctor Eufemiano Fuentes que"si hablo, no tendríamos ni Eurocopa ni Mundial". En realidad,tal afirmación no tenía como fuente directa al propio Fuentes,sino a un conocido delincuente que habría compartido con él celdaen los Juzgados de la plaza de Castilla, y eso ya pone en cuestiónla ética periodística de una información que, sin decirlo, insinúaque también la selección de fútbol estaría afectada por las técnicasde dopaje que han salpicado a parte de la elite del atletismoespañol.
Es como si la prensa deportiva, la editada en Madridbásicamente, tratara ahora de enmendar lo que ha sido una actitudacrítica, sumisa, patriotera y condescendiente con lo que, alparecer, era un secreto a voces, que todo el mundo -tertulianos,especialistas, periodistas, preparadores, federativos y otrosatletas- sabía a qué se dedicaban exactamente Eufemiano Fuentes,Marta Domínguez y el resto del grupo implicado en este nuevoescándalo de dopaje.
Lo que no dicen es a qué se dedicaban ellos,que o bien mienten y no tenían ni idea de qué ocurría o bienprefirieron callarlo y sumarse al carro de los aduladores. Federativosy periodistas, o fueron cómplices o fueron incompetentes. LaOperación Galgo sigue a la Operación Puerto que salpicó a importantesciclistas, pero de cuyas consecuencias reales -deportivas, laboraleso penales- apenas hemos sabido nada.
De hecho, Eufemiano Fuentesapareció como el líder de aquel montaje de dopaje en el ciclismoy reaparece ahora liderando este otro grupo de tráfico y consumode pócimas para trampear la capacidad deportiva individual. Casinada el cachondeo.