EL año pasado, sufrí un esguince de muñeca, un traumatismo craneal y un puntazo en la axila derecha de unos 5 centímetros, al ser arrollado por una estampida de señoras que pugnaban por echarle mano a los últimos langostinos de la pescadería. Ocurrió mientras intentaba hacer las compras de la cena de Nochebuena el mismo día 24. El puntazo, evidentemente, fue de paraguas. Todavía no puedo usar desodorante roll-on. Este año he decidido hacer las cosas con más tiempo. Ayer fui a la pescadería con el pedido para esta Nochebuena: un besugo, cuarto y mitad de langostinos frescos, medio de almejas... El pescadero, conocido de toda la vida, rechazó la nota. Me dijo que debía adjuntar una copia de la última nómina y un aval bancario, y que de no disponer de esos documentos, lo más que podía encargar eran cien gramos de palitos de chaka. Así es Pamplona, la capital de provincia con el pescado más caro, según un informe del Observatorio de Precios. Los lectores más sagaces enseguida habrán pensado que el problema reside en que Pamplona no es puerto de mar -como argumentó hace años la concejala regionalista Maribel Beriain, a la hora de censurar un cartel publicitario en el que aparecía un pezón femenino-. Sin embargo, la capital con el pescado más barato es Orense -su precio allá es un 24% inferior-. Entre Orense y la ciudad costera más cercana, Vigo, hay 94,5 kilómetros. Entre Pamplona y San Sebastián, 81,9. A Orense el pescado llega en camión frigorífico y a Pamplona en furgón blindado. Además, aquí da igual si te gusta la carne o el pescado -lo digo en sentido literal, ya que, por desgracia, en sentido figurado todavía falta mucho para conseguir esa igualdad-: sólo en San Sebastián es más cara la carne. Sólo San Sebastián tiene una cesta de la compra más costosa. Desde la Asociación de Consumidores Irache, ayer dijeron que hacen falta más grandes centros comerciales: "La libre competencia debe ser la llave que suponga una disminución de precios". Probablemente tendrán razón. No obstante, según un estudio de la Cámara de Comercio, en la comarca de Pamplona ya existe oferta de grandes superficies comerciales como para más de un millón de habitantes. Se me ocurre que el problema podría ser precisamente ése, que se han abierto demasiados hipers sin proteger al pequeño y mediano comercio, y ahora que han copado el mercado imponen precios altos: la cara factura de un sistema de libre competencia tan erróneo como caduco -en Londres llevan años apostando por el pequeño comercio ante las grandes superficies-. Así es que me temo que la apertura de un Mercadona por estos lares podría aliviar el problema, pero no solucionarlo. Un dato a tener en cuenta cuando hablan del milagro económico navarro: Donosti es la única capital de provincia en la que ser pobre es más jodido que en Pamplona.