Hoy no hay muchas noticias nuevas por estos lares. Más parecen efemérides. Una, la llegada de la nieve, que siempre trae bonitas fotos, carreteras e incidencias. La otra, que el Ayuntamiento de Pamplona aprobará hoy el presupuesto de gasto para 2011, gran primicia que hace años que los medios relatan igual: reducción general de pasta y especialmente en gastos sociales, acuerdo precocinado de UPN y PSN, y boicot de la alcaldesa a alguna de las partidas que suene a euskera, participación ciudadana o similar.

Estas son las últimas cuentas de Yolanda Barcina al frente de Iruñea. Los últimos presupuestos del último de los doce años que ha mandado en nuestra ciudad, y en los que ha tenido tiempo de dejar mucha huella, muchos recuerdos y grandes logros como que Pamplona deba cien millones de euros. En este fin de legislatura, fin de año y fin de su paso por la Alcaldía, queda todavía la duda de si saldrá adelante o no la partida para su apuesta más entusiasta y personal: el famoso Museo del Encierro. Cosas más raras se han visto, pero para mí que ese proyecto tiene un blindaje que hace muy difícil que lo perdamos de vista: está basado en el principio de mucho edificio y poco servicio que aplican los políticos que nos mandan; sostenido por el deseo de pasar a la historia de esos mismos ellos y ellas; y simboliza mejor que nada la política del despilforre de departamentos y empresas públicas dirigidas por aquellos a quienes todos contribuimos a poner en el gobierno. La clave me la dio ayer mi amigo, mientras veíamos las cuentas municipales que ayer daban en un noticiero tele foral. "Pero, si de un presupuesto total de 239 millones, en realidad para el museo ¡sólo se ventila, 1,8! Un milloncillo largo de euros". "Si esa partida de 7,5 -la que el Gobierno se comprometió a poner y que la oposición quiere retirar- no llega este año, pierde cuidado que de algún modo vendrá después." Yo le digo que no sea cenizo, pero les confieso que miro al futuro y, ojalá me equivoque, veo un nuevo buque insignia con cuernos y pañuelo rojo atravesar a 45.000 parados en la campaña electoral de la futura presidenta.