Toca seguir soñando
Es curioso, la pregunta cuando se acercan estas fechas y salen las estadísticas sobre lo que se juega en la Lotería de Navidad, sigue siendo la misma de siempre: ¿dejaría de trabajar si le toca la lotería? y digo que es curioso cuando en los tiempos que corren unos y otras coinciden en que la verdadera lotería está en tener un trabajo estable, un salario digno a cambio de la dedicación, que suele ser mucha, a la faceta laboral. Pero por desgracia hay más posibilidades de perder el empleo que de ganar el gordo de Navidad. Aún y todo, la esperanza no se pierde hasta la mañana del día 22. Supersticiones al margen, casi todos y todas jugamos en este sorteo y la mayoría de los que lo hacemos no invertimos un euro el resto del año. Pienso que se juega no solo por la ilusión de que toque, sino y sobre todo porque me toque a mí también si cae a los que me rodean. Así compramos lotería en el trabajo, en el bar, en el pueblo, allí donde fuimos de vacaciones, intercambiamos lotería con la familia dejando constancia a modo de recibos de que si toca le toca y casi, sin querer, te encuentras en el bolsillo con esos 60 euros de media que cada navarro o navarra ha invertido en lotería navideña. Siempre puede tocar, pero lo cierto es que casi nunca toca. Y una y otra vez vuelve una idéntica pregunta: ¿qué haría yo si me toca? y allí se va la cabeza, a esa recóndita y tranquila cala mediterránea de un hermoso pueblo blanco, donde algún día, quizás, si toca la lotería, quién sabe... El número está en el bombo. Toca seguir soñando.