Todos los años, en invierno, la nieve nos visita un par de veces -por lo menos- en la ciudad. Al blanco elemento le gusta darse una vuelta por el núcleo urbano ¿para divertirse? ¿para tomarse unas copas? No se sabe, lo que sí es cierto es el hecho de que resulta un visitante bastante incómodo para el normal desarrollo ciudadano y con el que las personas deben aumentar las precauciones para evitar caídas, con mayor o menor riesgo para su anatomía, entre otras posibles repercusiones.

En este sentido, cabe preguntarse cómo evitar dichas situaciones. Es cierto que el Ayuntamiento rápidamente moviliza todo lo relacionado con este tipo de emergencias y se pone manos a la obra para que este elemento natural desaparezca lo antes posible de las calles de la ciudad y, de esta manera, la circulación rodada se vea lo menos afectada posible. En este aspecto, nuestra ciudad funciona muy aceptablemente. Lo dicen algunas voces que conocen este tipo de situaciones en otras capitales a las que les cuesta más solucionar este tipo de caos.

Es de agradecer la movilidad y rapidez con que lo hacen los servicios pertinentes para que los problemas sean lo más escasos posibles dentro de la alarma que se pueda crear cada vez que nieva. Sin embargo, no todo es bueno, existen detalles que dejan mucho que desear, como es el cuidado de las aceras. ¿A quién corresponde su limpieza en estos casos? ¿Quién debe retirar la nieve de las mismas? ¿Es el Consistorio o son los comerciantes los que deben realizar esta labor? Cada uno su parte, lógicamente. Pero ¿existe alguna ordenanza municipal en este sentido? De ser así, ¿por qué no se cumple?

Antaño, los más viejos recordarán que esta labor la realizaban los propios comerciantes, que eran los más interesados en tener lo más accesible posible su comercio. Por supuesto, que en este apartado están incluidas aquellas bajeras cerradas, pero que tienen dueño o las que no tienen una actividad de cara al exterior.

Todos los años, en invierno, la nieve nos visita un par de veces -por lo menos- en la ciudad. Al blanco elemento le gusta darse una vuelta por el núcleo urbano ¿para divertirse? ¿para tomarse unas copas? No se sabe, lo que sí es cierto es el hecho de que resulta un visitante bastante incómodo para el normal desarrollo ciudadano y con el que las personas deben aumentar las precauciones para evitar caídas, con mayor o menor riesgo para su anatomía, entre otras posibles repercusiones.

En este sentido, cabe preguntarse cómo evitar dichas situaciones. Es cierto que el Ayuntamiento rápidamente moviliza todo lo relacionado con este tipo de emergencias y se pone manos a la obra para que este elemento natural desaparezca lo antes posible de las calles de la ciudad y, de esta manera, la circulación rodada se vea lo menos afectada posible. En este aspecto, nuestra ciudad funciona muy aceptablemente. Lo dicen algunas voces que conocen este tipo de situaciones en otras capitales a las que les cuesta más solucionar este tipo de caos.

Es de agradecer la movilidad y rapidez con que lo hacen los servicios pertinentes para que los problemas sean lo más escasos posibles dentro de la alarma que se pueda crear cada vez que nieva. Sin embargo, no todo es bueno, existen detalles que dejan mucho que desear, como es el cuidado de las aceras. ¿A quién corresponde su limpieza en estos casos? ¿Quién debe retirar la nieve de las mismas? ¿Es el Consistorio o son los comerciantes los que deben realizar esta labor? Cada uno su parte, lógicamente. Pero ¿existe alguna ordenanza municipal en este sentido? De ser así, ¿por qué no se cumple?