moody"s amenaza con bajar el rating de 30 entidades financieras, entre bancos y cajas de ahorros, así como de sus emisiones de deuda con aval del Estado, al igual que hizo la pasada semana con España enarbolando la situación de la deuda de las comunidades autónomas. Quizá esas 30 entidades financieras hayan hecho méritos más que sobrados para aparecer en esa lista negra, pero lo cierto es que la mayoría de ellas llevan años recibiendo el beneplácito de Moody"s y otras agencias similares. En realidad, las agencias de calificación llevan tiempo aprovechando la crisis económica para campar a sus anchas por los medios de comunicación y dirigir los destinos de cientos de millones de ciudadanos hacia la pérdida de derechos sociales y laborales y el empobrecimiento injustificado. Lo malo es que estas amenazas causan su efecto y los gobiernos actúan en consonancia con los intereses especuladores que animan cada pronunciamiento de estas agencias. Las mismas que no acertaron ni por equivocación a la hora de evaluar las andanzas financieras que abocaron a la actual crisis económica y sobre las que pesa la sospecha de cometer fraude en sus calificaciones juegan con la credibilidad de las economías, la estabilidad de los estados y el presente de ciudadanos y familias. Tipos engolados de prepotencia que siguen a sus anchas sin que nadie haya hecho nada para acabar con sus desmanes. No sólo no se han cambiado las normas del juego, sino que, pese a su fracaso histórico, el camino que marcan incide en la imposición del mismo modelo económico basado en la desigualdad, la injusticia social, el recorte de derechos y la destrucción medioambiental.
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