Yo también llevo gafas. Soy una de las cuarenta mil navarras que las necesitamos según los datos publicados en la pasada fiesta de San Lucía. El otro día fui al súper sin ellas y pasé un mal rato porque, como ya no veo bien la letra pequeña, me confundí y no compré conservas navarras. Espárragos de China y pimientos de Perú me traje. No me vieron los de la Denominación de Origen ni los de ninguna cofradía, pero en casa me llamaron insolidaria y mala navarra, y luego tuve pesadillas con amigos conserveros y parientes hortelanos.

Las llevaba bien puestas -las gafas- el día que leí en este periódico de la drástica reducción en la superficie y la producción del piquillo de Lodosa, y que no pueden competir con los precios de fuera. Hortelanos de toda Navarra dicen lo mismo del espárrago y de la alcachofa: que hacen sus cuentas y no les salen, ni con gafas ni con lupa; agricultores a los que les prometieron millones con el riego cuando -con la oposición de muchos y el dinero de todos- anegaron Itoiz, hicieron el pantano y se metieron en la operación de millones y cemento del Canal de Navarra.

También necesito las gafas para entender hoy los números gigantes de los presupuestos navarros para 2011 que se cocinan en el Parlamento. Interesantes las enmiendas y necesaria la reforma fiscal, pero ¿se han fijado en las cifras? ¿Cómo puede ser, me digo, que la partida más grande de infraestructuras, 140 millones, sea precisamente para más regadíos? Y eso lo he leído bien, con gafas y sin ellas. Lo mismo que los datos del abandono del regadío en la Ribera, la decepción con el Canal en la Zona Media, la picaresca del etiquetado, y la crisis de la agroindustria en general. No es difícil entender a esos agricultores de Tierra Estella que se le plantan a la consejera, por que no quieren regar.

Oscuro panorama el agrario, del color de las robadas y robadas de maíz para alimentar cerdos que veremos desde nuestro carísimo TAV, regadas con las cristalinas aguas del Irati. Tan negro lo veo, que creo que a Santa Lucia casi no le voy a pedir que me conserve la visión. Mejor que me vaya cambiando el punto de vista.