cONVENDRÁN conmigo en que una bronca de este tipo no parece la mejor manera de despedir su último año al frente del Ayuntamiento de Pamplona: fastidiando una de las celebraciones navideñas más entrañables de los barrios de la ciudad. Por mucho que, en el mismo día, la alcaldesa y presidenta de UPN lo quiera tapar con un sonriente video-villancico de buenos deseos, lo de no permitir los desfiles de los olentzeros populares tiene más pinta de pataleta que otra cosa. Los pulcros y rubios niños de la felicitación de Barcina hablan de amor, de felicidad y de libertad, conceptos universales muy navideños pero que no casan para nada con amargar la vida a los organizadores de los desfiles, tan ciudadanos como los rubios, como sus votantes y como ella misma.
Y, todos los años, la misma canción: evitar a toda costa que salgan. Como la táctica de multarles no funciona -porque el TAN suspende las multas y falla contra el Ayuntamiento-, este año ponen en marcha la estrategia de marear la perdiz. Primero, tener a la gente en vilo, y comunicar a última hora que pasan la tostada del permiso a la Delegación del Gobierno. La delegada, que no es su tema; UPN, que entonces prohibido el de la Milagrosa y con condiciones los demás. Los partidos protestan, a la alcaldesa le da igual y, al final, los organizadores deciden desvincularse de las convocatorias y los dejan a la iniciativa de cada barrio. Todos han dicho algo, todos han salido en los papeles, pero los que de verdad pagan las consecuencias son los que no salen: la gente normal y, sobre todo, los niños, que llevan muchos días soñando con esta noche. En estas fechas de aguinaldos, reuniones familiares y buen rollo, en ningún otro municipio de Navarra gobernado por UPN se prohíbe el desfile del olentzero. Sólo en la capital. "Que todos vuestros deseos se cumplan en 2011", dice en su video-villancico. Por mí, que de verdad el próximo año tengamos el olentzero en paz.