PARA lo que nos tiene acostumbrada la Administración a la hora de acometer la mayoría de las obras públicas en esta tierra, la realización y puesta en funcionamiento de la pasarela que une la Media Luna y el Labrit se ha realizado con bastante agilidad y rapidez, lo cual no está mal y podría servir como ejemplo para el resto de trabajos de índole público. Aún así no deja de sorprender semejante celeridad en su puesta a punto, en abrirla al ciudadano. Pero ésta no es la cuestión. El tema es el poco cuidado que se ha prestado a la estética del conjunto de la zona. Es palpable la bofetada que se ha dado a todo el entorno con semejante artilugio cruzando la cuesta del Labrit, a pesar de las declaraciones de la señora alcaldesa en el sentido de querer diferenciar la construcción de las murallas y de la pasarela. ¡Como si el ciudadano no supiera hacerlo de manera intuitiva y distinguiendo ambos trabajos! Un mejor acoplamiento es posible y más acorde con el espacio amurallado. No parecen buenas las excusas de la primera edil pamplonesa para justificar semejante proyecto.

No hace falta irse muy lejos para comprobar que la solución impuesta en este tramo de las murallas es un pésimo proyecto. Puede uno trasladarse a la cuesta de la estación, al comienzo de la avenida Guipúzcoa. ¿Se ubica señora alcaldesa? Pues bien, ahí se encuentra el Portal Nuevo. Una construcción integrada totalmente en el lugar a pesar de no llegar todavía a los sesenta años de su alzado. ¡Eso sí que es un ejemplo de acoplamiento entre pasado y presente sin dañar la estética de la zona! Además, como tarjeta postal no está mal, hecho que la pasarela en cuestión no merece ni siquiera el gasto de una foto, salvo para comprobar la mala solución que se ha dado a esta unión.

Por otra parte, más de un viandante puede encontrarse ciertamente asustado por la oscilación que presenta la pasarela. Lógicamente, esto puede ser normal en este tipo de obras, pero seguro que a más de uno se le pone el miedo dentro del cuerpo, y posiblemente se lo piense dos veces el volver a pasear por el lugar, aunque, repito, pueda ser normal y, ante esta situación, los técnicos deben aclarar el hecho reafirmando que no existe peligro a la hora de atravesarla. Bien es cierto que dicha oscilación, cuando más se nota es en el momento en el que uno se para y se queda quieto.

Cabe preguntarse también qué influencia puede tener la pasarela con el diseño realizado en estos momentos, si al fin el Ayuntamiento decide presentar el conjunto amurallado para que la Unesco lo declare Patrimonio de la Humanidad. ¿Será positiva? ¿O por el contrario se valorará negativamente este enlace entre la Media Luna y la trasera del frontón Labrit? ¿Se ha tenido en cuenta esta posibilidad?

Bien es verdad que esta virtualidad queda, todavía, lejos en el tiempo, ya que el arreglo total de las murallas no se vislumbra cercano.

Álvaro Anabitarte