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Navidad virtual

SON virtuales pero reales. Las felicitaciones navideñas de hoy en día no llegan en sobre pero sí tienen su forma cuando se asoman a las pantallas. Algunos esperados, otros inesperados, otros, aunque los esperes, nunca llegan. Son los peores. Mensajes por mail o por sms que acaban sustituyendo al papel de antaño y a las llamadas, pero que en el fondo son una misma cosa, ese momento en el que te acuerdas de alguien y piensas, ¿por qué no? Nada que ver con el espíritu navideño, sino con algo más honesto que esta fiebre consumista que nos entra en estas fechas, es, simplemente, la necesidad de desear y que nos deseen que todo nos vaya bonito. Las nuevas tecnologías han llegado a casa por Navidad. Al buzón del correo, a la bandeja de entrada del móvil, al muro de Facebook, quien lo tenga. No es ni bueno ni malo. El medio no es el mensaje, y aunque ahora se hable de envíos masivos despersonalizados, lo cierto es que también había un bombardeo de postales tópicas y típicas tan impersonales como un mailing en copia oculta. Antes y ahora lo importante es qué se pone, qué se escribe, qué hay detrás de ese mensaje. Tan sincero o falso es un e mail como una carta escrita a mano. Tan prefabricada o auténtica puede resultar una poesía como un vídeo en Youtube. Como con los regalos, lo que cuenta es el tiempo que alguien ha dedicado a pensarlos, a pensar en la otra persona que lo va a recibir. Porque la Navidad virtual no es la de la Red sino el derroche consumista de unos días donde lo real es que hay miles de navarros y navarras que no es que puedan llegar a fin de año, sino a fin de mes. 2011 está al llegar, a ver si se ve la luz al final del túnel.