¿Futuro vegetariano?
LA piel tostada del cochinillo todavía crepita en la bandeja del horno cuando lo exponen sobre la mesa. Los comensales lo miran satisfechos y felices de que todo el cargamento de comida que han metido en el estómago hasta entonces aún no ha rebasado la línea del atracón. Por lo que veo y escucho, ninguno de los presentes asistió a la charla que el colectivo Vida universal ofreció recientemente en Pamplona para difundir que El futuro es vegetariano. Tampoco tienen entre sus favoritas la página web de esta organización y por lo tanto desconocen que "el consumo de carne, embutidos y pescados es un factor de riesgo para muchas enfermedades"; ni saben de ese anuncio apocalíptico de que "quien quiera vivir sanamente debería renunciar a estos productos". Yo con estos asuntos llevo tiempo confundido; cada vez soporto peor que maltraten a los animales y me da escalofríos cuando veo rajar el cuello de una oveja o hacer trizas a un ternero en cuestión de segundos. Dejo para otro día esas disquisiciones sobre lo que contaminan las vacas por sus emisiones de CO2. Sin embargo, mi cultura de animal carnívoro me sorprende en más de una ocasión con estos pensamientos tortuosos pero armado de cuchillo y tenedor. ¿Será la solución ese filete vegetal, elaborado con harina de legumbre, que se presentó días atrás en Tudela como sustitutivo de la carne? ¿Acelgas o borraja simulando ser un chuletón...? Salvaremos a los animales pero arruinaremos a los profetas de la nueva cocina, a las explotaciones ganaderas, a las carnicerías... "¿Qué piensas? Espabila que se te va a quedar frío el gorrín...", me gritan al oído. En la bandeja ya no queda ni la salsa.