La violencia estructural
ESTA sociedad estaba equivocada si pensaba que el principal trechopara la eliminación del maltrato estaba resuelto con una legislaciónad hoc, campañas de sensibilización agresivas, institucionesespecíficas y una opinión pública mayoritariamente mentalizadade la barbarie que supone la violencia contra las mujeres. Estaviolencia es una de las prácticas más arraigadas y más largamenteperpetuadas en las relaciones humanas, hasta el punto de quese trata de un comportamiento estructurado y, por lo tanto, dedifícil erradicación. No hay más que reunir los datos de mujeresasesinadas (71 en lo que va de año) a manos de sus parejas (43)o ex parejas (28) para exponer lo difícil que será avanzar eneste objetivo. Aunque los datos acumulados varíen en funciónde las fuentes y fluctúan -en la medida en la que la muerte esevidente cuando el caso es in situ pero es más difícil de detectarcuando es consecuencia de lesiones producidas días antes-, locierto es que en 2008 hubo 76 mujeres asesinadas y en 2009, 56,una cifra que ya se había alcanzado para el mes de octubre deeste año. En Navarra no se han registrado víctimas mortales,pero el número de denuncias en los diez primeros meses del añofue 1.046, cifra abultadísima, aunque suponga un 7% menos queen el mismo periodo de 2009. Las fechas navideñas son propiciaspara los enfrentamientos y para que se acentúen los problemasde convivencia en los hogares; pero pasados estos días, siemprehabrá motivos para que algunos hombres recurran a la fuerza ya la violencia para intentar doblegar la voluntad de una mujer.Habría que preguntarse muy seriamente por qué el uso de la fuerzaes utilizado como factor identificador del género masculino yalgo que continúa muy presente en los juguetes, en las rolesadquiridos y en la publicidad. Y también por qué la sumisióny la obediencia subsiste como un estereotipo que marca la educaciónde algunas mujeres en la medida en la que se interiorizan valorescomo la abnegación, el sacrificio o el destino. El dramáticorostro que aparece detrás de las últimas estadísticas es el devíctimas que en su gran mayoría no habían denunciado su casoy mujeres cada vez más jóvenes, datos todos ellos inquietantes.Generación tras generación, el drama continúa.