Vaya por delante que no soy una persona muy adepta al transporte público (trabajar a 15 kilómetros de Pamplona, y tener que tomar dos villavesas para poder desplazarme, pues pierdo mucho tiempo). Pero a veces, tengo que ir Pamplona a hacer recados, gestiones o asuntos propios, y es entonces cuando opto por coger la villavesa, más que todo porque me niego a darle un solo céntimo a la zona azul (que me perdone el Ayuntamiento de Pamplona, pero bueno, al no ser residente allí, pues no tengo por qué pagar esos impuestos). Lo reconozco, muchas veces llego con el tiempo justo y la villavesa está a punto de irse. Es en esos momentos cuando me sale la vena Usain Bolt y esprinto rauda y veloz hasta la villavesa. Pero mi carrera, en la mayoría de las ocasiones no tiene premio, vamos, que el conductor arranca sin percatarse de que alguien está corriendo hasta que casi no puede más por tomar el autobús. Pero como sin excepciones no habría regla, hay veces que me topo con amables conductores que aunque ya hayan arrancado paran un momento para que yo pueda subir. Me gustaría desde aquí darles las gracias (aunque cuando me monto en la villavesa se las doy, qué menos). El motivo de estas líneas es que me gustaría pedir a todas y todos los chóferes de las villavesas que, por favor, tuviesen un pequeño gesto y esperasen a aquellas personas que a veces por una circunstancia o por otra llegamos tarde a la parada. Yo, personalmente, entono el mea culpa y reconozco que debería llegar antes, pero muchas veces me es imposible. Así que, como muchas veces nos aguantamos la espera cuando la villavesa no respeta la frecuencia, pues me gustaría que ellos también se parasen cuando llegamos justos de tiempo. Así todos tan contentos.