Muchas tareas se nos quedan sin hacer a los de mi manada cuando llega el final del año. Pero hay una que atormenta especialmente estos días a uno de cada cuatro navarros: termina el último año para fumar libremente en los bares. Al igual que en otros rediles, mis pesebres mas próximos están llenos de ganado suelto fumando conpulsivamente, aprovechando las últimas horas para echar humo sin problemas en cafés, restaurantes y garitos en general. Será por eso -por el previsible síndrome de abstinencia o igual por el humo que ciega nuestros ojos- pero, estos días, tengo la sensación de que nos las están metiendo dobladas. Entre turrones, cava y omeoprazoles, a ver quién se va a indignar y mucho menos a movilizar porque nos suban la luz y el gas. Quién va a notar que la CAN está prejubilando con el dinero de todos y pidiendo prestado al Estado los millones que no le da Flowers. Desvelados por el precio de los langostinos y el pastón de los regalos, a ver a quién le quedan arrestos para protestar porque el Gobierno navarro ha aprobado la incineradora sin pasarla por el parlamento y en un lunes víspera de los Inocentes. Echándole la culpa a los vapores etílicos o al dolor de cabeza, nos frotamos los ojos al leer que tampoco el Supremo considera asesinato la muerte de Nagore Laffage a manos de Diego Yllanes.

Todos los poderes -las eléctricas, los bancos, los gobiernos, los jueces- saben que en estas fechas el ganado común tenemos la guardia baja, incluso más de lo habitual, entretenidos con comidas, bebidas, familias y campanitas. Preocupados los humildes mortales con el asunto del tabaco, saben que la reforma laboral pasa a nuestra segunda línea de intereses, lo mismo que las apreturas económicas o la justicia social.

Yo les deseo que en estos tres días, antes de que entre en vigor la ley, se fumen todo lo que se tengan que fumar, se beban con salud los vinos y licores de sus cestas de Navidad y se recuperen con o sin ibuprofeno. Pero, por favor, no pierdan de vista a la apisonadora de los medios de comunicación. Que sepan que, camuflados tras nuestros vapores, también nosotros podemos vigilarles.