Vamos a por ti, 2011
No hagan caso, permítanme el modesto consejo, a quienes de manera interesada, porque en ello les va la poltrona y/o la chequera, enfatizan con rictus de notario que lo peor de la crisis ya ha pasado, pues en las recesiones del calibre de la vigente no cabe graduación al tornarse en pésimo todo lo malo. Así que, sí, sigamos poniéndonos en lo nefasto por un elemental instinto de supervivencia porque este 2011 en ciernes tiene un aspecto feroz, diríase que hasta criminal, amigas y amigos. Pero no se trata de un ponerse derrotista, acongojado, sino de dotarnos de una actitud de combate, de conmigo no hay quien pueda y cuando expire el próximo diciembre aquí seguiremos, erguidos, pese a todo y a todos. Ya que en esta áspera coyuntura ni siquiera los que nos gobiernan son autosuficientes en tanto que dueños de sus decisiones, puesto que en verdad resuelven por ellos los mercados y los operadores financieros internacionales, lo que nos queda -y no se antoja precisamente poco- es afrontar lo que venga con dignidad y con espíritu de superación. Poniendo todo de nuestra parte para que cuando pinten bastos no sea por deméritos propios y teniendo bien presente que quienes nos quieren esperan de nosotros una respuesta corajuda, al nivel de esa confianza -derivada del afecto- que nos profesan. Perdonen este ejercicio de realismo lacerante, pero es lo que hay. Que no se les atraganten las uvas, ni tampoco los manjares y alcoholes engullidos, y feliz y próspero año hasta donde nos alcance. Salud.