La resaca

20.07.2020 | 09:45

Siempre, como la ley del eterno retorno, tras la intoxicación, viene la resaca. Lo que ocurre, según avanza la historia y la edad, es que se torna más dura y cometemos el error de recurrir de nuevo a inocularnos los mismos venenos que nos la provocaron. Resaca económica, política, psicológica y comunitaria, que no aparece hasta el final de las bacanales provocadas por el capital, la electocrácia, el racismo, y la maquinaria del complejo militar-informativo. En definitiva, por el cibermundo en el que zozobramos como indio en piragua achicando agua incesantemente para tratar de ahogarse lo más tarde posible.

Otra vez unos pocos enriqueciéndose a costa de la fabricación de crisis, de la explotación y el empobrecimiento del resto. De nuevo justificando la necesidad de normalizar una excepcionalidad impuesta a golpe de intervención policial y militar para salvarnos de nosotros mismos frente a la última versión del enemigo, que el militarismo crea para incentivar su negocio. Así nos convierten en víctimas que tan sólo podemos ser salvadas por nuestro verdugo. Ahora la amenaza es invisible y anida en el interior de los cuerpos. Todas las personas somos el enemigo potencial a neutralizar. Es la biopolítica llevada a su expresión máxima que justifica la privación unilateral de derechos por parte del poder mediante sus estados.

En definitiva, seguiremos guiados por la eterna consiga: si quieres la paz, la salud, el bienestar, prepara la guerra. Y después de la resaca, vestida de postguerra, de "nueva normalidad", lo único nuevo es la exponencial extensión e intensidad de su macabro proyecto global. Hacernos asumir la "necesidad" de la sociedad del encierro, de la separación, del biocontrol, en aras de nuestra supuesta seguridad. Pero se olvidan de que no es la vacuna farmacológica la que nos libra de los virus. Son las vacunas sociales como la movilización política colectiva las únicas capaces de erradicar estas permanentes epidemias civilizatorias. Así lo demuestra la explosión de revueltas obreras y antirracistas en estos tiempos de resaca.

* El autor es doctor en Sociología

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