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A la contra

Jorge Nagore

Se ayuda y ayuda

Se ayuda y ayudaEFE

Algunos de ustedes puede que se acuerden de Colin Jackson. Jackson, de 55 años, negro, británico, atleta legendario en los 110 vallas, medallista olímpico, dos veces campeón del mundo, 4 veces campeón de Europa, recordman mundial durante 13 años. Bien. Salió del armario como homosexual a los 50 años, en 2017. Es un claro ejemplo de lo durísimo que es el mundo del deporte para dar el paso de mostrar tu orientación sexual, algo que ha hecho hace nada el futbolista checo del Getafe cedido al Sparta de Praga Jakub Jankto.

Jakub Jankto, con la camiseta del Getafe.

La historia de Jackson –el más famoso de los deportistas homosexuales declarados, junto con Ian Thorpe, Greg Louganis, Martina Navratilova y Billy Jean King– puede ser la historia de cientos y cientos de deportistas, no ya solo de élite, sino de cierto nivel, que esconden su condición en una esfera en la que mostrar la sexualidad es mucho menos habitual que en otros campos. En el plano femenino es mayor por ahora la valentía de ellas a la hora de dar el paso, como si los hombres fuésemos –que lo somos– más incapaces a la hora de mostrar emociones y heridas. Tampoco es que el armario en el mundo del deporte femenino se haya abierto muchas veces, pero sí más que en el masculino, donde apenas hay ejemplos y apenas los hay en todas las especialidades. En absolutamente todas: fútbol, tenis, natación, atletismo, motos, Fórmula 1, baloncesto, balonmano. En todas, una situación que, por pura estadística, es imposible.

Por tanto, mientras algo que tiene ser normal no sea normal en según qué esferas, que haya personas que den un paso adelante sirve para normalizar y ayudar en el proceso a quien esté en él y también a millones de niños y niñas en los vestuarios de su sexo, en sus casas y en sus colegios. Cuando un deportista da pasos así, se ayuda, pero ayuda mucho más a los demás. Sobre todo si encuentra lo que tiene que encontrar: normalidad y aplauso.