Resulta que El País cumple 50 años y ha encargado un libro conmemorativo a Javier Cercas que, agradecido, lo ha titulado ‘El periódico de la democracia’ y el diario ha bendecido el cumplido. “El de la democracia”, como si hubiera habido solo uno. El marketing funciona así, pero eso de sentirse el más listo y más guapo de la clase y proclamarlo a los cuatro vientos es bastante feo y demuestra poco estilo. Cualquier inclinación a patrimonializar un sistema, una ideario o un territorio demuestra una mirada descomedida y falsa. El País tiene mucho de admirable e inspirador y merece por supuestísimo difusión y reconocimiento, pero no está de sobra algo más de humildad.
A raudales
Esta profesión (y tantas otras) está colmada de peña que se cree la oblea y que desde méritos laborales que nadie discute mira al resto con suficiencia. Seguro que conocen a gente de este palo. Los envanecidos se piensan más listos que san dios bendito y tratan a los demás de medio lelos. Quizás la soberbia esté superando a la envidia en esta sociedad; es una hipótesis. Por cierto, El País acaba de publicar una entrevista a su primer director, Juan Luis Cebrián, que acusa entre risas a “Felipe” “de organizar un poco mejor el GAL”. Según el propio Cebrián, una cuestión que venía “desde la Triple A y desde Adolfo Suárez”.
Tabernario
Abascal ha llamado “mierda” a Pedro Sánchez y le ha comparado con un “chulo de putas”. “Que los políticos empiecen a expresarse como en las tabernas es el primer paso hacia un fascismo real” escribió Javier Marías en 2008 en El País Semanal. Abascal camina como el señorito tira lapos de toda la vida, que se viene con sus flemas verdes. Una muestra más de ese “abuso de la obscenidad” que globalmente observa el sociólogo navarro Javier Erro, profesor emérito de la UPNA.
‘El País’ cumple 50 años y se presenta como “El periódico de la democracia”. El marketing funciona así, pero no está de sobra algo más de humildad
Elige tu propia aventura
El asunto es doble: Qué hará Abascal si pilla cacho o si sigue chupando oposición. Si Trump es el imperio en decadencia, Abascal es el arca perdida de la España cañí, del nacionalismo español chusquero y el tueste solar joséantoniano. O el progresismo se pone las pilas o esto es lo que viene. Y ya no basta con que la izquierda resulte pintona ni con hacer un par de apaños. Eso no es suficiente.
En esta coyuntura, la Fundación SM acaba de señalar que casi la mitad de la juventud española cree que un régimen autoritario ‘puede garantizar mejor la paz social’, enunciado que ya de por sí clama al cielo. ¿Qué pasará si este brote de acné se consolida al ver a Vox en el Consejo de Ministros? ¿Qué hacer entonces? ¿Confiar en un papel moderador de Feijóo y en sus sobradas pruebas de liderazgo? ¿Acudir a su rescate preventivo? Ojo con ciertas aventuras. Ninguna de las dos opciones parece idónea ni está libre de cargas. Cualquier intento de bisagra entre dos modelos políticos existentes, por mucho engrase que se ponga, va a costar muchísimo explicarlo. En el actual tablero no hay poliamor posible, ni tampoco opción decorosa de abstinencia.
El crudo
Empezamos 2026 deseando que acabase la guerra en Ucrania y ahora estamos en lo de Irán y Líbano. Apunte con perspectiva: el pasado 10 de febrero Andrés Pierantoni, experto geopolítico, vaticinó en La Vanguardia que el crudo venezolano protegería a EEUU "del caos que él mismo siembra”, y concluyó: “EEUU quiere un país estable y tranquilo. El chavismo ha demostrado que sabe lograr eso”. Voilà.