Ataviados con las ropas de almadieros roncaleses y salacencos, Arturo Erlanz Abad, burguiarra, de 74 años, y Erik Adot Barandiaran, jaurrietano de 32, compartieron ayer la bajada por aguas del Eska en la primera almadía de las tres que descendieron en la 33ª edición del Día de la Almadía. El que, seguramente, será el último viaje por el río del primero, fue para el segundo el comienzo de la representación y homenaje al oficio de los antiguos almadieros.
Erlanz, el mayor de los que participan desde 1991, año en el que se creó la Asociación de Almadieros de Navarra (ACAN) guarda especial recuerdo de aquel primer descenso. “Bajé con mucha ilusión. Iba de remo trasero capitaneado por experimentados almadieros mayores en los delanteros, y me sentí muy grande”, recordaba. El sentimiento de arraigo y el deseo de ayudar al pueblo hizo de las almadías su afición durante el desarrollo de su vida profesional como médico en Isaba y Zizur. Nieto de pastor y aserrador, mantener la tradición del viejo oficio de almadiero le llevó a participar en la fiesta patrimonio cultural del Pirineo. “Quitando los años de pandemia, he bajado todos. Para mí, es un día muy importante y cada año que pasa tengo más ilusión y espero que nunca se pierda porque la juventud lo está haciendo francamente bien”, recalcaba. En más de tres décadas de descensos, Erlanz ha sido testigo de la evolución de este día. “Cuando empezamos, contábamos con varios almadieros del pueblo que se ganaron los jornales en el río y nos enseñaron. Ahora nos tocas transmitir a nosotros. La juventud es muy válida, chicos y chicas, y la asociación ha editado una publicación sobre la construcción completa de almadías para que no se pierda”, decía al tiempo que adelantaba que seguramente, el de ayer sería su último viaje por el Eska, si bien permanecerá en la asociación para ayudar.
Además de sus días de almadiero Arturo Erlanz le ha puesto un broche de oro porque ha sido parte del equipo que ha enseñado al alumnado del centro de FP Donibane de Pamplona la construcción de la almadía, motivo por el que estaba especialmente ilusionado en remar en la que ayer se estrenaba. Lo hizo adelante, con uno de los remos punteros.En uno de los traseros, le acompañaba el joven Erik Adot Barandiaran, de Pamplona pero vinculado a Jaurrieta, el pueblo de su padre y junto con Pío Sarriés Martínez, los dos únicos salacencos que ayer participaron en el descenso. “Es la primera vez que lo voy a hacer y estoy nervioso, más por la cantidad de gente que hay que por el río. Ya lo probé ayer- el viernes- cuando bajamos las balsas hasta aquí”, confesaba. Adot se mostraba muy contento de haber tomado parte de todo el proceso. y confiaba com un descenso tranquilo dado el escaso caudal.
El de ayer fue para él un comienzo con vocación de continuidad. El primero de muchos viajes que vendrán. Así lo espera.