Hubo un tiempo no muy lejano en el que la semana laboral tenía siete días. Con jornadas de trabajo de entre 10 y 16 horas. Todo lo que daban las fuerzas o hasta donde llegaba la explotación del patrono. Casi casi un 24/7 si atendemos a la moda del numerónico. Vivir para trabajar y así poder sobrevivir. Pero un día como hoy, en 1904, el Congreso de los Diputados aprobaba la Ley del descanso dominical, que establecía el domingo como jornada no laboral, norma que fue promulgada por el Gobierno de Antonio Maura. Una importante conquista social tras largos años de lucha. Me resulta imposible ponerme en la piel de aquella gente cuyo horizonte vital siempre terminaba en un día de trabajo. Hoy, arrancas un lunes pensando que el miércoles es el ecuador de la semana, que el día siguiente es juevintxo y el viernes por la tarde comienza el finde. Para muchos, la inquietud ahora es planificar actividades de ocio para sábado y domingo. El siguiente objetivo es la semana laboral de 4 días, bien de 32 o de 35 horas. Cuentan que la ley de 1904, por la falta de costumbre, provocaba el aburrimiento en los trabajadores y les empujaba a pasar las horas muertos en la taberna, generando perniciosas consecuencias. Y fue así como, dando vuelta la tortilla, la hostelería pasó a trabajar siete días a la semana. Si Maura levantara la cabeza...
- Multimedia
- Servicios
- Participación