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Editorial

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El acoso escolar, un problema en aumento

El alcance del bullying y el ciberbullying, y el sufrimiento que acarrea entre los menores, exige medidas más contundentes desde las aulas pero también una mirada más crítica desde las familias y de la propia sociedad

El acoso escolar, un problema en aumentoARCHIVO

Los resultados del mayor estudio realizado hasta ahora en Navarra sobre acoso escolar (bullying y ciberbullying) resultan escalofriantes. Casi la mitad del alumnado de 10 a 18 años ha sufrido una o más conductas de bullying presencial o cara-cara, ya sea físico, verbal, social o psicológico. Un 31% reconocer haber acosado y el 63%, ser testigo. Desde las instituciones el consejero de Educación abogó ayer por poner en marcha medidas preventivas y llevar adelante una nueva normativa. Programas como Laguntza, actualizado hace ahora tres cursos en 33 centros para combatir el acoso escolar, y que ahora se va a volver a revisar para garantizar el “bienestar emocional en la comunidad en la comunidad educativa -en línea con la LOMLOE-, ofrece herramientas concretas para regular emociones, trabajar la “asertividad y la empatía, la escucha activa y el buen trato”, además de potenciar la “calidez” en la acogida del profesorado hacia el alumnado. Pero no son suficientes.

Preocupa ese 10% del alumnado que sufre esa burla y que le afecta en el plano psicológico y, aún más, ese 5% que ha tenido problemas claros de inseguridad o en sus relaciones. Educación (existe un protocolo de intervención) media en 70 casos al año, algunos comienzan a los nueve y diez años. Una gota en el océano. Mensajes o llamadas ofensivas en el móvil, llamadas anónimas para asustar, difamación o rumores por internet, chantaje mediante llamadas o internet son prácticas habituales en el ciberbullyning, el más letal de todos los acosos por la impunidad que da el anonimato y por ser la herramienta que más se utiliza. Mensajes que se amplifican a través de Whatsapp o redes, y que impactan en la autoestima y personalidad de los chavales. Discursos que escuecen, cuando se conoce en profundidad -como ocurre en el estudio- la razones de los agresores: porque se lo merecen, porque son de otra raza, porque piensan diferente, porque son homosexuales o torpes o por ser “amanerado siendo chicos”, entre otras causas. De ahí la necesidad de formar al profesorado a la hora de detectar casos. Pero también es importante que los padres se conciencien a la hora de censurar determinadas conductas, lo que no siempre sucede. Difícil tarea en una sociedad competitiva que sigue promoviendo la ley del más fuerte, que antepone los resultados académicos a la convivencia, y que no fomenta los valores del respeto ante la diferencia y la pluralidad.