Sánchez salvó los muebles en el último minuto del primer superpleno del Congreso de esta Legislatura. Una jornada de política surrealista con mercadeos y cambalaches de última hora e intervenciones esperpénticas desde la tribuna que evidenciaron las dificultades de estabilidad a las que se enfrenta el Gobierno central. La situación contraria a las del Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona. La cita llegaba complicada y no sólo por las dificultades de consensuar con una geometría variable –más variable que nunca–, las mayorías para aprobar las medidas del Gobierno, sino porque la fórmula elegida, tres decretos ley –un método legislativo de excepción que cada vez más se utiliza con la normalidad de una regla–, que entremezclaban como cajones de sastre asuntos de muy diferentes índole aumentaba la complejidad del reto. Y aunque el resultado fue medio bueno, la imagen y el desarrollo fueron poco edificantes. Quizá haya servido para que Sánchez y su Gobierno hayan aprendido la lección de que ganar la estabilidad en estas circunstancias exige menos vías rápidas y más diálogo y planificación de los acuerdos con los grupos que sostienen a su Gobierno. Incluso PNV, ERC, EH Bildu y BNG que comprometieron sus votos con los decretos no pudieron evitar hacerlo con al menos una de las dos fosas nasales tapadas. El método del decreto ley no fue una buena elección. Y sirve también como ejemplo de que al Gobierno de Sánchez le queda aún camino por recorrer para asumir realmente su posición en el Congreso la actitud de la ministra de Sanidad, Mónica García, imponiendo a las comunidades la obligatoriedad del uso de mascarillas en lugar de buscar el consenso político. Un malestar que han hecho público Navarra y la CAV, que consideran que esa imposición vulnera la legalidad competencial en materia sanitaria de ambos territorios. Ése camino puede descoser costuras con socios del PSOE claves con el compromiso de estabilidad del Gobierno. Y a partir de ahí, lo que hay. Junts va a intentar aprovechar sus siete votos para seguir sumando logros en clave de política catalana. No va a poner en riesgo la continuidad de Sánchez, entre otras cosas porque la amnistía podría quedar en agua de borrajas en ese caso, pero busca recuperar espacio socio electoral en Catalunya y su influencia en el Congreso es un buen escenario. Más compleja parece para el Gobierno la gestión de la brutal confrontación partidista que mantienen Sumar y Podemos y que supuso que el decreto ley sobre la reforma de los subsidios de desempleo que había elaborado la vicepresidenta Díaz, que ha vuelto a negociar pésimamente sus desencuentros, fuera el único de los tres rechazados tras añadir Podemos sus votos a los de PP, Vox y UPN. Si Podemos tiene argumentos para ello, no ha sido capaz de explicarlos de forma convincente. La sensación real es que en esa batalla con Sumar ambos caminan por el cuanto peor, mejor y las venganzas mutuas hacia el desastre final. Por último, el Congreso asistió sin mucha atención al fracaso de las propuestas de PP, Vox y UPN contra la Ley de Amnistía. No sólo fueron rechazadas, sino que el asunto no logró un foco mínimo en el Congreso ni en los medios. Otra muestra de que la amnistía está avanzada políticamente y amortizada socialmente. No se enteraron de nada.
- Multimedia
- Servicios
- Participación