La política navarra comienza a desperezarse tras el largo remanso veraniego y festivo. Poco a poco, eso sí. Sin mucha prisa y sin ansiedad o inquietud algunas. Navarra afronta el nuevo curso político en un estado de calma, muy alejado de las sensaciones que transmite el panorama más allá de nuestras mugas. Sólo el desconcierto interno que transmite UPN –la salida de la Cámara foral de dos de sus parlamentarios con mejor capacidad de debate no es una casualidad–, y el enfrentamiento con mucho fango que mantiene con un PP que le marca constantemente agitan de vez en cuando las aguas tranquilas de la estabilidad institucional, la normalidad social, la convivencia y el funcionamiento del Estado de Bienestar foral. Que el ex diputado de UPN Sergio Sayas sea ahora la punta de lanza del PP de Navarra en los reproches y críticas a cada cosa que dice o no dice Ibarrola es, sin duda, un elemento añadido de divertimento a la política foral. Ibarrola ha comparecido para reiterar las habituales críticas al Gobierno y, en especial, a Chivite y el PSN por no hacer lo que UPN quiere que haga y volver a describir una visión irreal de la Navarra actual en la que el cielo está a punto de caer sobre las cabezas de todos los navarros y navarras. Los mensajes catastróficos advirtiendo de tiempos oscuros y de desastres irremediables acaban chocando con el espejo de una realidad que refleja de forma nítida la miseria, falsedad y ridiculez de esos discursos y de los bulos que intentan sostenerlos. Apuntó también Ibarrola su disposición a llegar a acuerdos con el PSN y otros partidos, un paso quizá para abandonar la senda de la confrontación y la descalificación en que lleva instalada UPN desde que perdiera el poder en 2015. Si sus planteamientos son positivos y aceptables en el marco del Acuerdo de Gobierno que sostiene desde la mayoría parlamentaria el Ejecutivo de Chivite, tendrá una mejor y más útil posición en la política navarra aún ejerciendo al mismo tiempo la oposición. Si la finalidad es de nuevo intentar romper la actual mayoría política de Navarra o incentivar las diferencias entre los miembros del Gobierno, el resultado será como hasta ahora ninguno. De hecho, es inevitable vincular esta mano tendida con la boca pequeña, tras meses de insultos y descalificaciones, más que con una conversión política repentina con la debilidad de las alcaldías que mantiene UPN gracias al PSN. El nuevo curso político tiene en el horizonte como objetivo prioritario la aprobación de los Presupuestos de 2025 y seguir abordando medidas ante los problemas más complejos que también existen en Navarra como la sanidad, la vivienda y la intransigencia de algunos sectores, también del Gobierno, contra los avances del euskera. Serían, y lo serán, los décimos Presupuestos que Navarra renueva de forma consecutiva, la mejor prueba de la estabilidad política que se ha asentado desde 2015 en Navarra y que ha sido garantía para la mejora de la economía y del empleo, la consolidación de la convivencia democrática, los avances sociales y laborales y la conformación de un discurso político muy mayoritario en la sociedad navarra alejado de la confrontación y de los avances y mensajes de las derechas que sitúan sus propuestas y soflamas en el monte de la extravagancia y la intransigencia. Cada día se parece al anterior y cada semana a la previa.