La instrumentalización política y mediática del sufrimiento generado por la violencia de ETA para obtener réditos partidistas, electorales o simplemente económicos ha dado lugar a episodios deplorables. Más aún cuando ha incluido la manipulación interesada del dolor de las víctimas. Y persiste el deseo de seguir explotando como caudal político el que debería ser activo de conciliación y de convivencia común. El bochornoso espectáculo que protagonizó el PP en el Congreso el miércoles ha podido ser un punto final a ese camino. La dura reacción de familiares de víctimas de ETA –y no es la primera vez ni la segunda vez ya–, ante la sobreactuación de Manuel Tellado, portavoz del Grupo Popular, mostrando las fotos de los cargos público del PSOE asesinados por ETA originó una amplía reacción en contra de los propios familiares de ese burdo intento de utilizar la memoria de esas víctimas como cortina de humo para tapar la batalla interna desatada en el PP. Desvergüenza, repugnante o vomitivo fueron algunos de los adjetivos valorativos que dedicaron a Tellado los familiares de esas víctimas. No en su nombre, es el mensaje. En realidad, Feijóo está sacrificando a Tellado como máximo responsable de que el PP, al igual que Vox o UPN, hubiesen apoyado, sin leer, en su mayoría al menos , lo que aprobaron, la reforma legal que adecua la legalidad penitenciaria española a la normativa europea en lo que afecta a la computación de las penas cumplidas por un mismo delito en un país de la UE. Y los diputados del PP que la leyeron la defendieron. Algo inevitable legalmente y democráticamente imprescindible para evitar discriminaciones. Pero ese voto a favor ha encendido de nuevo la batalla interna en el PP con Ayuso la cabeza y la estrategia desesperada de Feijóo para desviar la atención de sus posibles responsabilidades pasa por aceptar que sus diputados no leyeron el texto que votaron a favor, acusar al Gobierno de tenderles una trampa y volver a hacer bandera y arma arrojadiza del dolor, el sufrimiento y la memoria de las víctimas sin reparar para ello en medios para manipular, tergiversar o simplemente mentir sobre la realidad con el objetivo de lavar su imagen a costa de deteriorar y desgastarla propia democracia. Con ese argumentario deberían dimitir todos los diputados y senadores del PP, UPN y Vox. Ya está bien de utilizar a las víctimas del terrorismo para satisfacer intereses partidistas o personales. Ya está bien de que quien no esté de acuerdo con quienes pretenden esa manipulación sea un traidor a las víctimas. Se puede y debe, con todo derecho, mostrar la máxima solidaridad con las víctimas –con todas las víctimas de todas las violencias–, y por supuesto tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano o ciudadana o colectivo a expresar sus opiniones, pero esa condición de víctimas no confiere razón ni verdad absolutas a sus opiniones. Son tan válidas o tan cuestionables como cualquiera otras. Ni les da el derecho a legislar ni a imponer una visión particular y parcial del Estado de Derecho ni la excepcionalidad penitenciaria en una justicia democrática y garantista. Puro juego partidista a costa de las víctimas. Otro ejemplo del discurso antipolítico de la polarización y la confrontación constante.