Metemos cientos de peros en nuestras conversaciones. Algunos parecen obligados para no herir sensibilidades, otros nos ayudan a escapar de obligaciones o son simples excusas. Ejemplo de lo último, las palabras del que fuera entrenador de Osasuna José Antonio Camacho, al asegurar que fue feliz en este equipo “pero tuve un problema con los Indar Gorri: se metían constantemente conmigo, con la alcaldesa y con España...”. Es decir, lo echó la política no su rendimiento. Otro reciente pero del fútbol lo ha protagonizado el ex rojillo Chimy Ávila, para quien la gente de Navarra “no es mala pero te enseña a marcar unos límites que el andaluz no lo hace porque es muy abierto, como nosotros. Los navarros ponen sus límites, son rectos”. Sin comentarios. Claro que el pero más potente que se nos avecina, sobrevuela los 120 bares y cafeterías del Casco Viejo de Pamplona que no han instalado todavía la doble puerta estanca en sus establecimientos, cuando queda menos de un mes para que entre en vigor la obligación de disponer de este vestíbulo y así evitar el ruido ambiental. Aquí nos encontramos con el quiero pero me es imposible hacer esa obra de una parte de los hosteleros frente al se valorará cada caso, “pero conforme a criterios técnicos”, del Ayuntamiento. Pero va, pero viene.