No es fácil marcarse los retos para este 2025 pero desde luego que es lo deseable. Pensar que hay cosas por hacer, por mejorar, por cambiar o por continuar. Hacerlo desde la realidad de cada uno o una pero también teniendo en cuenta la de los demás, desde nuestro entorno cercano, pero sin descuidar una mirada que vaya más allá, que nos sitúe en este mundo global en el que nos toca movernos. Conscientes siempre de que una parte de lo que deseamos o de lo que pase no dependerá de nosotros y nosotras, aunque sí estará en nuestra mano el decidir cómo lo afrontamos. No pinta fácil la realidad mundial, asusta casi asomarse, da vértigo; de lo que vayan decidiendo quienes tienen ahora la posibilidad y la responsabilidad de hacerlo van a acabar dependiendo muchas cosas que nos afectarán a todos y todas, aquí y a miles de kilómetros. Hay que estar alertas. Creo que a grandes rasgos todas las personas deseamos lo mismo cuando estrenamos año. Que no nos falte la salud y que la vida nos trate lo mejor posible. Luego está el tener un trabajo digno, el poder acceder a una vivienda, el poner freno a las desigualdades, el contar con recursos suficientes para tener garantizada una calidad de vida en cualquier etapa, poder viajar y soñar... y muchas más cosas esenciales, como la paz, esa ansiada paz. No son tiempos para pensar solo en lo material ni en uno mismo, aludiendo a esas tópicas listas de comienzos de año que tan fácil resulta llenarlas, sino pensar en lo emocional, en lo común, en todo aquello que exige compromiso y generosidad y a lo que cuesta más apuntarse. Porque es preciso, este año y los que vengan, reforzar los valores comunes de nuestro estado de bienestar y tejer una sociedad mejor entre todos y todas. A ver cómo llegamos a diciembre.