Escribo estas líneas horas antes de la manifestación que ayer tarde recorrió el centro de Pamplona a favor de la demolición de Los Caídos. Por tanto, no sé cómo transcurrió la protesta pero sí que el alcalde de mi ciudad no descarta modificar el nombre del centro de interpretación del fascismo que se ha proyectado en el mamotreto antes citado, tras las reiteradas críticas de las asociaciones memorialistas que se oponen a llamarlo Maravillas Lamberto. Claro estaba que el anuncio municipal que pretende resignificar ese edificio no ha dejado indiferente a nadie, con opiniones que van desde el derribo de semejante alarde golpista, a su transformación y hasta una cruzada en defensa del monumento. Lo que no ha calado es el nombre. Al memorialismo le chirría y ofende que lo que sea que se construya en ese lugar lleve el nombre de una chiquilla asesinada en 1936 por falangistas en Larraga. A la derechona navarra, ni te cuento… Para sumar apoyos al proyecto, Joseba Asirón dice estar dispuesto a negociar, aunque dudo que un simple cambio de denominación baste para contentar a los opositores a su propuesta. Más bien, como decía una pancarta colgada en la Plaza de Navarrería esta semana, “Josefina (hermana de Maravillas, fallecida hace tres años) lo tenía claro. Los Caídos, demolición”.
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