Hay ficciones que provocan terremotos. A mí Yo, adicto me sacudió bien. Oriol Plá ha recogido esta semana el Emmy por haber dado vida al protagonista de la serie. Ganar este premio internacional lo ha situado en lo excepcional. Oriol es barcelonés y contaba sin falsa humildad que le emocionaba haber llegado hasta ahí con una ficción local rodada en pueblos como Sant Iscle de Vallalta.

La vi hace un año, en esos espacios de soledad que abrimos en la noche cuando los nuestros se han acostado, cruzamos las piernas sobre el sofá y nos damos nuestro premio. La serie se basa en un libro autobiográfico de Javier Giner. Barakaldo, 48 años, autor de cortometrajes y jefe de prensa de Penélope Cruz. Eso, hoy. Hasta diciembre de 2008, adicto a la cocaína, el alcohol y el sexo químico y extremo, cuando “sentía que formaba parte de la tribu de los especiales, los enterados, los que merecen la pena”. Cuando se creía fuego artificial. Esa sensación.

El Javier de hoy cuenta que se desnudaba en sitios públicos, meaba en las barras de bares, terminaba en un poblado chabolista en busca de cocaína pura con dos desconocidos o escoltado por la policía en la puerta de casas de amigos. Ese viaje de ayer a hoy lo encarna Oriol Plá de una manera, para mí, turbadora y conmovedora. Construye un personaje ególatra, histriónico y desquiciado. Lo agrieta y lo despelleja para mostrar otro vulnerable y herido, con carencias infantiles de amor y reconocimiento, y tan valiente como para volver a echarse así al mundo.

Hay una escena brutal. Javi despierta desorientado en una pensión con dos prostitutos que le exigen su dinero. Telefonea a su madre sin poder apenas vocalizar. La madre, con su bolso al brazo, entra en esa habitación y le pregunta “pero Javi, ¿quiénes son estas personas?”. Baja al cajero, saca 800 euros y les paga. El Javi real, que ha celebrado con Oriol este premio, dijo en su día “para mí el éxito es que mi madre ya duerma tranquila y no sufra por la vida de su hijo”.