La muerte nunca viene bien, pero es todavía peor cuando se muere en tiempo de ocio, disfrutando de la vida, sin aventurar peligro alguno, en esa edad en la que nadie debería morir. El fatal incendio de la pasada Nochevieja en el local Le Constellations de la estación suiza de Crans Montanade, donde 40 jóvenes, muchos de ellos menores perdieron la vida al propagarse un incendio provocado al incendiarse el techo por una bengalas repartidas por el propio local para celebrar la entrada del nuevo año debe ser una lección a aprender.
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Las autoridades suizas ya han confirmad que el establecimiento no había sido sometido a revisiones ni inspecciones de seguridad desde hace cinco años. Ahora uno de sus dueños está detenido ante el riesgo de fuga. Negligencias e imprudencias que tristemente se detectan cuando pasa una catástrofe. En lugar de prevenir, lamentar. Justo esta semana se ha conocido que un juzgado ha anulado la licencia de actividad a un conocido pub de Formigal por incumplir normas de evacuación en caso de incendios.
Es un bar en el sótano con aforo para 241 personas. Su cierre ya había sido pedido por la Comunidad de Propietarios, enfrentándose al ayuntamiento de la localidad, pero ahora lo piden con más fuerza tras lo ocurrido en Suiza y tras ver las duras imágenes de la tragedia.
Arde un bazar en la Rochapea y el humo tóxico obliga a desalojar cuatro portales
La prevención y la inspección son necesarias para garantizar un ocio seguro. Más cerca, en la Rochapea, poco antes de Navidad, también hubo un grave incendio en un local comercial que por suerte no dejó víctimas aunque si daños materiales en muchas viviendas, que costará recuperar. En el escaparate sigue Papa Noel, medio calcinado, preparado para una Navidad que no vivió, sentado a la espera de nada, como un mal presagio.