Madurar es tomar conciencia de nuestra finitud y la lectura acrecienta esa percepción. He revisado en casa antiguos recortes de prensa y casi todos me han parecido inútiles, merecedores del contenedor azul, señales si acaso de un mundo periclitado. Una hemeroteca doméstica aporta enseñanzas, pero la clave está en extraerlas y más ahora con la IA. Hablando de inteligencia colectiva, el filósofo australiano Roman Krznaric acaba de publicar Historia para el mañana. Mirar el pasado para caminar hacia el futuro (Capitán Swing). que pinta interesante en tiempos tan disruptivos. Tan perturbadores que si de chavales nos hubiesen dicho que un tipo a lo Jesús Gil presidiría por dos veces los EEUU y se creería el amo del mundo, nos hubiera parecido inconcebible. Ahora, en cambio, retrata una época.
Y tal y tal
La doctrina de Trump es la del todo vale, sin las dotes de actor de Reagan. Pero su chulería, narcisismo y desfachatez gustan a una peña que rinde culto al poder, al dinero y a la notoriedad. Trump tiene caudales en todo eso y atrae la atención al estilo Gil y Gil, a pecho orondo, cuando cargaba contra Arteche, contra Donato o contra el que se cruzase en su camino. Fuese por por el Atleti, por Marbella, por Imperioso o por Cachuli, Gil era noticia. Y toda esa papilla nos embobaba, y ese combo de incontinencia y arrojo zafio nos sigue captando de adultos.
Por eso Trump está omnipresente, y por eso su estrella planea sobre variadas desvergüenzas. Por supuesto, de esa derecha echada al monte que ha rebasado a Le Pen, dispuesta a ser alfombra del presidente yanki. Pero también de un sector del progresismo arrobado con el Partido Demócrata hiciese lo que hiciese, o de una izquierda viejuna donde siempre anidan impulsos autoritarios para América Latina.
Si de chavales nos hubiesen dicho que un americano con la verborrea de Jesús Gil se creería el amo del mundo nos hubiera parecido inconcebible
Un Monopoly armado
¿Cuál debe ser la ‘realpolitik’ ante un Trump, que dice no necesitar el derecho internacional y que tiene a la UE en su punto de mira? ¿Dónde está nuestra dignidad colectiva? ¿La de ser monaguillos de un sumo sacerdote? ¿La de alegrarnos por Repsol? No creo que haya mucho margen de maniobra popular para ponernos estupendos; se habla de Europa como del genio de la lámpara, cuando aquí ya pivotamos sobre un derechismo desenfrenado. Hace décadas, la CEE fue estrujada por la Guerra Fría, el franquismo nos hizo berlanguianos y en democracia lo de Hiroshima y Nagasaki quedó para clase de ética. Estos días en las redes sociales se mezclan tratados de sapiencia con conductas infectas, como la de las Nuevas Generaciones del PP. Los cachorros de Génova han dejado claro que aplaudirían con las orejas si Trump bombardease Madrid, matara a no sé cuántas personas y se llevara a Zapatero. Ese es su concepto de la convivencia, de la democracia o del patriotismo. Hay una derecha ciega de poder, capaz de hacer genuflexiones a los EEUU a la que le jode mucho más perder su idea controladora de España o sus negocios que conservar la complicidad del Vaticano. Esa gente se va quitando la máscara, lleva la desestabilización en su ADN, va de excelsa pero es capaz de hacerse mazoniana. Todo, con tal de escalar hacia el poder o de sacar tajada.
Por más que el decoro sea ahora un territorio arrasado por todos, siquiera por un sentido de la prudencia, de la responsabilidad y del equilibrio deberíamos tener más claro cómo se las gasta este derechismo en relación a Trump y su política de Monopoly violento.