Que el 26,7 % de los jóvenes en el Estado no juzgue peor la dictadura de Franco que la actual democracia es un dato que sorprende, escandaliza o duele según la actitud de quién lo reciba. ¿Usted cómo se queda? Por lo que parece, en Navarra el dato se atempera pero tampoco es que sea un gran consuelo. ¿Lo ha escuchado usted de alguien cercano? ¿Qué haría si lo escuchara?

Lo fundamental, si entendemos que sería mejor revertirlo porque es un síntoma de preocupantes derivas, es buscar las causas. Así, a bote pronto, el desconocimiento de la historia prende con la mecha del descontento o al revés y ambas cuestiones tienen raíces profundas y desarrollos bien abonados. Para la primera, no hace falta más que mirar los programas escolares.

La educación obligatoria debería preparar a niños y niñas para entender su tiempo y este, siendo tataranieto y consecuencia de todo el tiempo transcurrido desde que la pobre Lucy se cayera de un árbol, es hijo ¿ponemos que de la última centuria? Esto podríamos hablarlo. Y en ella habría que insistir y profundizar para encontrar las claves del presente, para que supieran interpretar las noticias, y, sin embargo, ¿cuántas generaciones han dedicado más tiempo a la Prehistoria o a la Grecia clásica que al franquismo? Y si no ha sido así ¿en cuántos casos la descripción de la dictadura ha ido más allá de la relación de sus etapas? Pregunto.

En cuanto a lo segundo, al descontento, y por poner un ejemplo, ¿qué puede opinar del sistema quien descubre que el piso que costó el equivalente de tres año de sueldo a su progenitor o progenitora o la mitad a los dos juntos, hoy, que busca en solitario como tantas otras personas, le costaría en torno a siete años y medio?